“Cibersubrayados”

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO 04/08/2010

Sabemos que el actual neolítico tecnológico no ha hecho más que empezar y que los inventos y nuevas aplicaciones se suceden vertiginosamente. El negocio reside precisamente en esa neomanía inducida que nos lleva a adquirir lo siguiente cuando todavía no hemos aprendido a utilizar lo anterior. Los cambios tecnológicos han multiplicado hasta lo impensable nuestros intercambios: estamos hiperconectados con el mundo, en cuya ingente panoplia humana elegimos a nuestros cómplices. Amamos ser multitud -aunque sea virtual- más que nunca: se diría que sólo en ella nos sentimos individuos. Somos conscientes (antes era sólo intuición) de que en la megalópolis global -¿quién habla ya de aldea?- por la que nos movemos como pez en el agua muchos están pensando y deseando lo mismo que nosotros. Ahora podemos hallarlos: se acabó la muchedumbre solitaria. Hemos ampliado exponencialmente el círculo de nuestras relaciones (Facebook, etcétera), y nuestros cada vez más manejables aparatos nos permiten atenderlas, y ocuparnos al mismo tiempo de otros asuntos con algo parecido a la atención flotante que prestan los psicoanalistas a los analizandos. Como nuestros iPhone o iPad, también nosotros somos cada vez más multitareas: la (antigua) calle mayor, donde encontrábamos de todo, la llevamos en el bolsillo. Y, además, podemos navegar por ella con amiguitos lejanos mientras compramos o leemos el periódico. Cada vez abarcamos, cada vez más nos concentramos menos. Somos el futuro.

Amazon ha comprendido nuestra necesidad de conectar e identificarnos con otros. La nueva prestación que ha introducido en los libros electrónicos de Kindle se llama popular highlights, y mediante ella el lector puede encontrar subrayados o destacados los pasajes que más han gustado a otros. Desde las tabletas mesopotámicas en adelante, los lectores han señalado en lo escrito aquello que les parecía importante por el motivo que fuera. La diferencia es que Kindle puede identificar los fragmentos de un libro que han sido más subrayados por sus usuarios, un servicio que justifican así: “los popular highlights ayudan a los lectores a concentrarse en aquellos pasajes que han resultado más significativos para el mayor número de personas”. Uno adquiere el eBook de, por ejemplo, El símbolo perdido, de Dan Brown, y puede conocer cuál es el fragmento que más ha gustado a 1.244 usuarios de Kindle. Por supuesto, uno puede deshabilitar la prestación y hacer caso omiso. Pero es un síntoma. El procedimiento tenía precedentes, también entre nosotros. En el 2000, una importante editorial española lanzó a bombo y platillo una colección (Círculo cuadrado) para adultos en cuyos libros venían marcados de imprenta los pasajes que, a juicio de los editores, eran más importantes. Así lo explicaban (nótese el tuteo, tan siglo XXI): “nos hemos anticipado a tu propio subrayado para facilitarte las cosas aún más y para no dejar ninguna excusa para la indiferencia ante palabras sabias como las que aquí encontrarás”.

Nada nuevo, por tanto. Pero ahora la ayuda no nos la brindan los editores, sino nuestros amiguitos lectores. Hay algunos libros, decía Francis Bacon, que deberían ser gustados, otros tragados y unos pocos masticados y digeridos. Lo que el humanista ignoraba es que ahora todo eso lo podemos hacer entre todos. Un espanto.

© EDICIONES EL PAÍS S.L.

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  1. Al finalizar la carrera, resultó imposible no caer en manos de un atractivo ordenador. Tengo el mismo desde hace más de cinco años, y lo uso varias horas al día, pero no deja de ser una herramienta. Me gusta, pero no puedo ni pensar en abandonar todo lo que conozco de antes, lo analógico, las conversaciones en los bares o en casa, y que sean otros los que me recomienden el libro que se han terminado hace poco. Lo siento por Amazon y su “popular highlights”, pero la presencia de los amigos es imprescindible. Y no vale siempre la presencia virtual.
    Un saludo.

    • Que razón tienes, Victor. A mi no me gusta leer libros subrayados por otros. Me incomoda. Me siento que estoy mirando los cajones de sus armarios. Gracias por tu comentario. Un abrazo.

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