Confort

La casa Sonneveld, considerada ejemplo del funcionalismo holandés, en su estado original.

ESTRELLA DE DIEGO 31/07/2010

Hay que ver la manía que tienen los grandes arquitectos de hacer sillas durísimas y sofás sin respaldo. Ya sé que el confort de toda la vida, los muebles mullidos y las sillas blanditas, no es fotogénico: lo que busca el “proyecto moderno” es crear espacios y enseres que den bien en las revistas especializadas. Se trata de mostrar habitaciones limpias, sin trastos, porque los trastos son una vulgaridad. La cosa es que cada vez que me toca estancia en espacio amueblado con artefactos “de alto diseño” acabo con un dolor de espalda inaudito. La culpa es mía, seguro, que tengo tendencia a la lumbalgia. Además siento una animadversión reconocida hacia el “proyecto moderno” que me parece tan autoritario y machista como la peor propuesta victoriana. Sí, me cae superantipático el “proyecto moderno” y sus protagonistas. Incluso Alvar Aalto —que firmó alguna que otra silla cómoda, diseñada por sumujer Aino, fijo—o Le Corbusier —cuya mítica chaise longue es de Charlotte Perriand—me parecen un poquito manipuladores con las mujeres —y las espaldas— a su alrededor.

El caso es que invitada por unos amigos, propietarios de una mansión de líneas hiperlimpias, tras buscar infructuosamente un respaldo,me vi obligada a pedir un Ibuprofeno para calmar el terrible dolor entre la L1 y L2. Cuando el marido, excelente anfitrión, se preocupó por mi salud, le confesé con pudor mi nostalgia hacia una superficie cómoda en medio de su casa deslumbrante y entonces, a media voz, me pidió que le siguiera hasta una habitación trasera, donde un sofá corriente restableció el equilibrio de mi columna como la mejor sesión de Pilates o Alexander. “Aquí no entran las visitas”, dijo con sonrisa maliciosa.

Entonces empecé a pensar si en cada casoplón del “proyecto moderno” habría una habitación trasera donde no entraban las visitas porque, la verdad, conocemos las casas de Mies o de Aalto sólo a través de la foto. Imaginaba de pronto a los grandes de la arquitectura recogiendo a todo correr para dejar el espacio impoluto, listo para la instantánea, y me causaba ternura. Los ricos también lloran. Quizás en todas las casas, incluso en las diseñadas a partir de las exclusiones, existe siempre una casa paralela—la zona del servicio, el cuarto de los niños, el de la televisión, un trastero…—; existe esa otra casa donde lo cotidiano se hace extraño —o todo lo contrario—.

Con estas reflexiones y una espalda muy mejorada me dirigía hacia el Barbican Center de Londres, donde se exponen una serie de objetos, arquitectura, cine e imágenes de muebles imposibles —desde fotos de Claude Cahun hasta obras de Bourgeois, Dalí, Rem Koolhaas, Búster Keaton o el famoso colchón sexual de Sarah Lucas—. La casa surrealista es una muestra casi fantasmagórica, imposible, inesperada, pero a mí me da menos miedo que los hogares impolutos de la funcionalidad, fetiche último de la noción de confort del “proyectomoderno” y sus contradicciones, coloniales incluso.

Es la reflexión que Judi Werthein lleva a cabo en el cortometraje The Funcional Family, rodado en la casa Sonneveld, considerada ejemplo del funcionalismo holandés: en su propuesta la dislocación se lleva a cabo cuando el espacio aparece habitado por una familia de color que remplaza a los propietarios originales, repitiendo sus gestos en el espacio del confort moderno. Pueden ver esta obra en una exposición inteligente que reflexiona sobre algunos de los problemas del imaginario capitalista, Fetiches críticos, comisariada por el colectivo El Espectro Rojo —Mariana Botey, Helena Chávez y Cuautéhmoc Medina—. Estará hasta final de agosto en el Centro Dos de Mayo y es una reflexión llena de ironía ácida que seguro les va a hacer pensar y hasta les va a arrancar una sonrisa—amarga, como ocurre con la lógica del mercado.

© EDICIONES EL PAÍS S.L.

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  1. ¡Qué buen articulo! nombra la cruz de una profesión que es bella pero que llevada al extremo se acartona, olvidando que está hecha para albergar al hombre, para acunarlo.

    • Hola Ana. Hay un librito de Tom Wolf titulado “¿Quien teme a la Bauhaus feroz?” en el que, con gran socarronería, se ríe de la pretenciosidad de los arquitectos modernos, que tras la Primera Gran Guerra y agrupados al rededor de Gropius deciden terminar con todo “lo burgues” (lo decadente, lo lujoso, lo neoclasico…) que terminó en aquel desastre y empezar “de cero”. Con la llegada de los nazis se exilian a EEUU y allí se produce la paradoja que “denuncia” Tom Wolf: «¿Existe otro lugar en el mundo donde tanta gente rica y poderosa haya costeado y soportado tanta arquitectura que tanto detesta como el que abarcan nuestras benditas fronteras?»
      Está en la ed. Anagrama
      Hay que decir que “el no va más del lujo clásico”, el sillón Chester, es la cosa más incomoda en la que me he sentado nunca…
      Gracias por tu comentario. Un abrazo.

      • Hablas con mucha propiedad del tema, hasta sabes los nombres de los sillones… Y los mios que hasta hoy son unos n.n., unos indocumentados, deben estar muy aburridos cargandome sin que los haya bautizado!!!

  2. Los arquitectos han sido encumbrados desde el último cuarto del siglo XX a lo alto del podio de los artistas, y se han aupado desde ahí al Olimpo, olvidándose de los mortales que les pagan. Volverán a servir al mortal: la crisis está obligando a todos a volver a ser bueno para tener clientes, a que no se permitan fallos de presupuesto o a repasar cien veces un proyecto antes de la viabilidad. Supongo que de eso surgirá una nueva comodidad, sin más pretensiones que, sin ser algo antiestético, sea cómodo y viable económicamente.

    • Hola Victor. Yo creo que en el origen estuvo realizar un diseño industrializado al alcance de todos. En esta búsqueda había que eliminar lo superfluo. “Ornamento y delito” de Adolf Loos se convierte en un manifiesto. Lo Bello es lo que funciona porque la forma esta supeditada a la función. El problema es que la Linea “pura” poco tiene que ver con lo orgánico y nosotros somos una columna vertebral en busca de descanso o apoyo. Comparto contigo que estos tiempos en los que se mira mucho cómo se gasta el dinero harán que vuelva la eficacia, los valores seguros, el conservadurismo en definitiva. Hum… No se yo si no será mejor aguantar algo incomodos en sofás sin respaldo para las orejas…Un abrazo y gracias por tu comentario.

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