Tuli Kupferberg, poeta y rockero del pacifismo

Tuli Kupferberg.- AP

JORGE BERÁSTEGUI 26/07/2010

Hasta hace pocos meses, Tuli Kupferberg seguía vendiendo dibujos satíricos en el Soho neoyorquino, donde vivía. Con su barba rala y su pelo ensortijado, este poeta, músico, pintor, pacifista y anarquista, fallecido el 12 de julio a los 86 años, se sumó en los años cincuenta a la contracultura estadounidense como parte de la generación beat, hornada de literatos en la que destacaron Allen Ginsberg y Jack Kerouac.

Hasta hace pocos meses, Tuli Kupferberg seguía vendiendo dibujos satíricos en el Soho neoyorquino, donde vivía. Con su barba rala y su pelo ensortijado, este poeta, músico, pintor, pacifista y anarquista, fallecido el 12 de julio a los 86 años, se sumó en los años cincuenta a la contracultura estadounidense como parte de la generación beat, hornada de literatos en la que destacaron Allen Ginsberg y Jack Kerouac. Emprendió así un viaje de transformación espiritual a través del arte, las drogas, el sexo y la política.

Nacido en Nueva York en 1923, se graduó cum laude en Sociología, publicó varios libros de poemas (La guerra contra los beats, 1.001 maneras de vivir sin trabajar) y lideró un grupo de rock, The Fugs. Ginsberg le inmortalizó en su oda Aullido: “El que saltó del puente de Brooklyn, esto realmente ocurrió, y se alejó desconocido y olvidado en la fantasmal niebla de Chinatown”. En realidad no fue desde el puente de Brooklyn, sino desde el de Manhattan, pero lo cierto es que Kupferberg intentó suicidarse. No lo consiguió y volvió nadando hasta la orilla. “Pensé que había perdido la capacidad de amar”, afirmó tras el suceso.

Parte de un movimiento que soñaba con cambiar el mundo, las actuaciones de su banda (mezcla de música y parodia política con aroma hippy) fueron célebres entre los jóvenes que se oponían a la guerra de Vietnam. El grupo nunca desapareció del todo y Kupferberg seguía escribiendo, pero el tiempo fue desgastando su revolución, tal y como dijo en una entrevista de 1997: “Las fuerzas de la vieja sociedad, la religión y la tradición eran más fuertes de lo que pensábamos”.

© EDICIONES EL PAÍS S.L.

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