Los ataques de tiburones también tienen sus razones

La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo, Damien Hirst, 1991

QUIQUE BELAFONTE 05-08-2010

Si se encuentra usted leyendo estas líneas con los mejillones de sus pies tejiendo redes sociales en los charcos de marea; si además es domingo, hay luna nueva y lleva usted el bañador blanco y negro que compró para ver el programa de Garci… Salga inmediatamente del agua: la Universidad de Florida asegura que es usted la víctima modelo de un ataque de tiburón.

Los investigadores del Archivo Internacional de Ataques de Tiburón, sito en el Estado de las naranjas y las chicas de oro, han contabilizado todas las “interacciones hombre-escualo” –denominación sin discriminación de especie que emplea el director del archivo, George Burgess– entre 1956 y 2008 en el condado de Volusia, que se autoproclama con orgullo Capital Mundial de los Ataques de Tiburón, con uno de cada cinco mordiscos de todo el orbe. El concienzudo trabajo de Burgess no se aleja de la típica matraca estadística que nos asigna a cada ciudadano un hijo y un trozo salomónico de otro, además del consabido medio pollo. Claro que después toca explicar las conclusiones, y no es tan sencillo. ¿Por qué el domingo? Esta es la parte fácil: ese día hay bufé libre de bañistas. ¿En cambio, cómo explicar el influjo de la luna nueva? ¿Será que la oscuridad induce a confundir una canilla humana con una merluza? No parece el caso, ya que la segunda situación más peligrosa es la luna llena. Contra las cuerdas, Burgess sale por burgerías: “Quizá las fases lunares influyen en los movimientos y patrones reproductivos de los peces, igual que afectan al comportamiento humano”, espeta.

¿Perdón? Hasta la Wikipedia sabe que “las proclamas de correlación entre fases lunares y conducta humana no aguantan un análisis científico”. No obstante, la cojera del argumento de Burgess no merece una enmienda a la totalidad del estudio. La condición del blanquinegro è ben trovata: para un escualo, un tejido así puede ser como el neón del restaurante. Pero cuidado; resista la tentación de quitarse el bañador. Porque si hay algo que un tiburón puede encontrar de lo más apetitoso, es el pezqueñín que nada entre las dos merluzas.

http://blogs.publico.es/libre-2010/2010/08/05/los-ataques-de-los-tiburones-tambien-tienen-sus-razones/

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