El álbum secreto de Frida Kahlo

NICKOLAS MURAY | Frida Kahlo en Nueva York, 1946.

GREGORIO BELINCHÓN – Madrid – 08/08/2010

Como la mayor de las riquezas secretas en una isla del tesoro, las joyas estaban allí, encerradas, sin que nadie supiese lo que ocultaba el archivo. Pocas veces el mundo del arte se ha visto conmocionado con un descubrimiento así. Cuando Frida Kahlo falleció en 1954, con 47 años, Diego Rivera donó la Casa Azul de Coyoacán al pueblo de México para que se convirtiese en el museo de Kahlo. Sin embargo, los archivos fotográficos de la artista eran también los de él (en vida, ella los había fusionado en uno) y Rivera los guardó. Poco antes de morir, pidió a su albacea, Lola Olmedo, que sus papeles no vieran la luz hasta 15 años después de su muerte. Durante 50 años aquellos armarios y cómodas repletas de fotografías permanecieron sellados. Hasta que en 2006 la luz iluminó sus secretos.

Y aparecieron 6.000 fotografías. Vibrantes, familiares, artísticas, dedicadas, personales, inspiradoras, turísticas, trucadas, recortadas y algunas, solo algunas, hechas por la misma Kahlo. En esa cornucopia fotográfica, Pablo Ortiz Monasterio, fotógrafo e historiador, ha escogido las 400 más relevantes, muchas de ellas inéditas, que ahora aparecen en el libro Frida Kahlo, sus fotos (RM).

Frida Kahlo recién operada de la columna, en 1946, fotografiada por su sobrino Antonio, en Coyoacán (México).

Desde México, Monasterio describe así el descubrimiento: “Colección fotográfica de una artista fundamental del siglo XX con obras de grandes maestros de la lente, como Man Ray, Brassai, Álvarez Bravo… reflejo de una época y entrañable registro de una familia ampliada de gente talentosa”. Porque entre esas 400 fotos solo cuatro, firmadas entre 1929 y 1930, pueden haber sido realizadas por Frida, pero en todas ellas, en su selección, está la mano de la artista mexicana del siglo XX.

Para arrancar el paseo fotográfico, una pista crucial. Guillermo Kahlo, descendiente de judíos húngaros, padre de Frida, era fotógrafo. Y un amante del autorretrato. El libro, estructurado en siete capítulos temáticos, dedica uno a sus orígenes y otro a la obra del padre, a los centenares de fotografías que Frida guardó de su progenitor. Como apunta Monasterio, “Guillermo Kalho cultivó el autorretrato por décadas. Cuando Frida, por razones médicas, debe permanecer en cama y comienza a pintar, lo que le sale natural es el autorretrato. No lo hurta, lo hereda. El tema es polémico, pues cuando los estudiosos comenzaron a revisar la obra de ella era habitual decir que Diego le sugería qué pintar y cómo. Ahora, el grupo de autorretratos del padre propone otra perspectiva”.

El capítulo titulado Cuerpo roto, que enlaza directamente con la parte más conocida de la obra pictórica de Frida Kahlo, se abre con una radiografía de su torso realizada tres meses antes de su muerte, con esa columna destrozada tan familiar para sus seguidores. “Me fascinan esas fotos”, confiesa Ortiz Monasterio. “Son muy elocuentes para entender quién era Frida, cómo enfrentaba el dolor y la sensualidad. ¡La foto de Frida con mirada coqueta mostrando la cintura, me parece lo máximo!”. En un retrato horizontal, la artista aparece boca abajo en una cama. Su mirada, insinuante, divertida, se escapa desde los pliegues de la almohada. Es 1946 y, como muchísimos otros testimonios de los tratamientos médicos, está firmada por Nicolás Muray. En otros retratos vemos cómo tiran de su cabeza para estirar la columna, observamos los aparatos médicos más cercanos a instrumentos de tortura que a tecnología creada para el alivio del paciente. Cuando se cierra el libro, uno piensa más en Frida mujer que en la artista. Incluso los más saturados con la doliente imaginería de la mexicana encontrarán un antídoto en este puñado de imágenes entrañables.

Fotogalería

© EDICIONES EL PAÍS S.L.

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  1. No sé, con Frida guardo una relación que me toca más allá de la imageneria. Veo la pelicula y lloro. Es como abrir ese archivo tan bien guardado por años. Sin más, Ana.

    • Hola Ana. Tremendo el sufrimiento físico de Frida. Toda una vida pendiente del quirófano, las prótesis, las limitaciones, el dolor….pero capaz de comerse la vida a bocados, amar hasta rozar la locura y dejar un mundo de inocencia plasmado en sus lienzos como si siempre hubiese sido la niña que murió en aquel tranvía. Un abrazo y muchas gracias.

  2. Una de las primeras referencias de Frida que tengo en la memoria es la de mi profesor de literatura (en COU, con unos 17-18 años) diciéndome algo así como que la imagen de Frida era PODEROSA. No veía lo fascinante de esa mujer hasta que me enteré de quién había sido, cómo había pasado su vida, leí y vi sus fotografías y sus cuadros, para terminar por comprender que fue realmente una mujer muy atractiva y muy fuerte.

    • Hola Victor. Me obligas con tu comentario a recordar cómo llegué yo a ella y, la verdad, no consigo recordarlo. Creo que fue en el 94, supongo que a través de alguna reseña, con la lectura de el libro de Gustave le Clezio, Diego y Frida donde se narra la historia de dos personas enamoradas en la que la mayor de ellas (Diego doblaba en edad a Frida) es en realidad su hijo, el que no pudo tener, y la más joven es la Gran Madre Amerindia, es Todas las Mujeres. Relación larga y tortuosa con un Diego al que cualquiera de nosotros abofetearía hoy. Trotski (tan maltratado en la película sobre Frida de Julie Taymor), Breton, Duchamp, Kandinsky, Picasso, todos ayudando a que la conozcan en el “mundillo”. América….la revolución, la vida…me gustó mucho. A partir de entonces compro lo que puedo de ella. Visité la exposición que se montó en Santiago de Compostela y tiempo después visité la antológica que se organizó en A Coruña sobre Diego Rivera. Gracias por tu comentario. Un abrazo.

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