Métrica del progreso

Ilustracion de Federico Yankelevich

ANTONIO ESTELLA 10-08-2010

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, tuvo el mérito de revitalizar en 2008 una antigua discusión, promovida originalmente por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), sobre las nuevas bases para medir el progreso de nuestras sociedades. En efecto, Sarkozy convocó, en febrero de aquel año, a un grupo de sabios liderados por el profesor Joseph Stiglitz para hacer un ejercicio aparentemente técnico pero de un calado normativo y prospectivo de la mayor intensidad. Sarkozy les pidió a los sabios la elaboración de un informe en el que se propusiera una nueva forma de medir el desarrollo económico y el progreso social. Es decir, en lugar de solicitar un informe sobre las nuevas concepciones de desarrollo económico y progreso social en el mundo, se solicitó un informe sobre una nueva forma de medir el progreso económico y social.
Sin embargo, bien es cierto que una cosa lleva, de forma completamente natural, a la otra: si decimos que hay que adoptar nuevas mediciones sobre el crecimiento económico, porque las que hay no capturan con suficiente intensidad determinadas variables, lo que estamos diciendo, en realidad, es que debemos cambiar no solamente la métrica, sino también nuestra propia concepción de lo que es la prosperidad.
La estrategia de poner el énfasis en la métrica, antes que en el concepto de prosperidad, parece, por tanto, una forma bastante inteligente de abordar el problema de fondo, que es el del cambio de nuestro modelo económico. Los propios miembros del panel así lo reconocen cuando dicen: “Este informe es sobre mediciones y no sobre políticas, y por tanto no discute cómo nuestras sociedades podrían avanzar a través de la acción colectiva hacia la consecución de determinados objetivos. Sin embargo, como lo que se mide de manera inevitable conforma lo que se pretende conseguir (…), el informe y su implementación puede tener un impacto significativo en la forma en la que nuestras sociedades se miren a sí mismas y, por tanto, en la forma en la que las políticas [económicas] se diseñen, implementen y valoren”.
¿Qué tipo de mediciones proponen estos expertos, y qué desarrollo ha tenido esta cuestión? En esencia, lo que este panel de expertos propone es que no se insista tanto en medir el crecimiento económico, entendido en términos de producción, y se pase a un tipo de medición que nos hable del bienestar de la gente. Además, añaden que la medición del bienestar de la gente debe situarse en un contexto de “sostenibilidad”. Bienestar y sostenibilidad, pues, como grandes ejes de nuestras nuevas mediciones (léase: como grandes ejes de nuestro nuevo modelo económico). El mensaje es, por tanto, claro: si conseguimos sociedades con más bienestar y más sostenibles, tendremos un mundo más próspero. Si por el contrario fracasamos, tendremos más de lo mismo: crecimiento medido en términos, simplemente, de lo que somos capaces de producir, y no de cómo repercute ese crecimiento en nuestro bienestar y en el de las siguientes generaciones.
Más concretamente, cuando hablan de bienestar, los expertos a los que me refiero señalan que se trata de un concepto multidimensional, que incluye variables como el estándar de vida de la gente (aspectos materiales como la renta, el consumo, o la riqueza) pero también otros aspectos como la salud, la educación, las actividades personales, la participación política y la gobernanza, el capital social, el medio ambiente, la seguridad…Por otro lado, cuando hablan de sostenibilidad, no solamente hablan de cuestiones medioambientales, sino, además, de la necesidad de crear un stock suficientemente amplio de capital humano, social y físico. Es decir, cuando hablan de sostenibilidad, de lo que en realidad están hablando es, ni más ni menos, que de recuperar el compromiso ético y moral que las generaciones presentes deberíamos tener y mantener con las futuras.
Los trabajos de la comisión liderada por Stiglitz han revitalizado, como decía antes, la discusión que se llevaba produciendo sobre esta cuestión en el seno de la OCDE desde hace tiempo. De esta manera, la Comisión Stiglitz se ha vinculado al Foro Mundial que la OCDE ha promovido sobre la materia. Por su parte, en nuestro país ya se ha iniciado el trabajo para disponer de un informe como el de la Comisión Stiglitz, dirigido por el Observatorio de la Sostenibilidad de España, el Instituto Nacional de Estadística y el Club de Roma. Este proceso cuenta, además, con el apoyo de la Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno. Pero, por ahora, lo cierto es que el debate es un debate de expertos que ha tenido poca relevancia en el ámbito político, no digamos ya entre la opinión pública.
Demos por buena la estrategia de la Comisión Stiglitz y pongamos, esta vez al menos, los bueyes delante del carro. Hablemos de una nueva métrica de la prosperidad como forma de hablar de las nuevas bases sobre las que se asiente el nuevo modelo económico que emerja tras esta crisis que padecemos. Si al final conseguimos crear sociedades que produzcan bienestar duradero para todos y cada uno de nosotros, y no simplemente sociedades cuyos ciudadanos sean piezas más o menos permutables de una gran maquinaria orientada a producir por producir, podremos empezar a decir, ahora sí, aquello ya tan manido de que nada será igual tras esta crisis económica.

Antonio Estella es reponsable del Área de Internacional de la Fundación IDEAS

Ilustracion de Federico Yankelevich

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