La Tate exhibe los grabados perdidos de William Blake

Ilustración de William Blake para El libro de Urizen.- TATE BRITAIN

WALTER OPPENHEIMER – Londres – 13/08/2010

En los años setenta, un coleccionista anónimo compró una caja con libros de segunda mano que contenía un tesoro: entre aquellos volúmenes había un folleto con los horarios del ferrocarril y, dentro de aquel folleto, ocho grabados pensados, dibujados e impresos por William Blake para acompañar tres de sus obras literarias. Esas minúsculas obras de arte fueron adquiridas en enero pasado por la Tate Gallery, que pagó por ellas 441.000 libras (535.000 euros) a ese coleccionista, que permanece en el anonimato.

Ahora, coincidiendo con el 183º aniversario de la muerte del artista, esos ocho pequeños y a menudo turbulentos grabados constituyen el plato fuerte de una exposición que, bajo el título de Románticos, ha abierto la Tate Britain en Londres. Reúne más de 170 piezas de artistas como William Turner, John Constable, Henry Fuseli, Samuel Palmer, John Martin, John Linnell, Henry Wallis, Edwind Landseer o William Etty.

Poeta, pintor, impresor, William Blake (1757-1827) fue un artista inclasificable a pesar de su etiqueta de romántico que no fue bien apreciado en su época, quizá por una tendencia a lo excéntrico que iba más allá de su obra y empapaba su vida. “Quizá porque lo era, como se deduce por ejemplo de la costumbre que tenían él y su esposa de sentarse desnudos en el jardín a leer a Milton”, aclara el responsable de arte de The Guardian, Mark Brown.

Seis de los grabados corresponden a El libro de Urizen, una de las mayores obras de Blake, y los otros dos se inspiran en el poema mitológico El libro de Thel y en su revolucionario trabajo de prosa El matrimonio del cielo y el infierno.

Grabado del artista para uno de sus poemarios.- TATE BRITAIN

Los grabados representan al Blake más oscuro, con figuras humanas ardiendo en vida, un hombre lavándose el pelo en sangre al tiempo que sus cuartos traseros parecen derretirse. “Son extraños. Son impenetrables incluso para los expertos”, admite en The Guardian la comisaria de la exposición, Philippa Simpson. “Es complicado y seguramente es mejor no entrar mucho en detalles”, añade. De entre los ocho grabados, la comisaria se queda con el que quizá sea el más pacífico, esa boda de cielo e infierno representada por un anciano pensativo rodeado por cuatro mujeres y la leyenda manuscrita: “¿Quién liberará a los prisioneros?”.

“Es increíble que algo tan pequeño sea tan conmovedor”, reflexiona Simpson. “Demuestra que ser monumental no tiene que ver con el tamaño de la obra, sino con la intensidad de la imagen y los temas que aborda”.

La muestra de la Tate Britain pemite también ver obras del fondo de la galería que rara vez son expuestas, como la obra de Edwin Landseer Una escena en Abbotsford, la casa del novelista sir Walter Scott, en la que se ve a su perro lobo muriendo mientras en el fondo se percibe al perro que le sustituirá. O la descripción que Henry Wallis hace del suicidio del poeta Thomas Chatterton.

A Scene at Abbotsford de Sir Edwin Henry Landseer

© EDICIONES EL PAÍS S.L.

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