Händel recibe a Jimi Hendrix

Jimi Hendrix, con su característico sombrero, fotografiado en el camerino antes de un concierto.

PATRICIA TUBELLA – Londres – 18/08/2010

“Este es mi primer hogar verdadero”, confesaba Jimi Hendrix tras instalarse en un ático del barrio londinense de Mayfair en 1968. El número 23 de Brook Street, donde el ¿mejor? guitarrista de rock todos los tiempos vivió una etapa muy prolífica artísticamente, y también feliz en compañía de su novia inglesa Kathy Etchingham, es hoy la sede de las oficinas que gestionan el Museo Händel, ubicada en el edificio contiguo a mayor gloria del gran músico barroco, fallecido en esta misma casa en 1759. Esa extraña confluencia de talentos en un mismo reducto de la ciudad de Londres va a traducirse a partir del próximo día 25 en una propuesta singular: los encargados de preservar el legado del maestro del siglo XVIII brindarán un homenaje a la vida, carrera y arte de Hendrix para conmemorar el 40º aniversario de su muerte.

Aunque el planteamiento resulte ya de por sí atractivo, el verdadero gancho de la exposición Hendrix in Britain (hasta el 7 de noviembre) reside en el despliegue de objetos de recuerdo, comenzando por uno de esos sombreros que el genio de la era del rock convirtió en su marca (un Westerner de ala ancha) y con la inclusión de piezas tan curiosas como el mapa de direcciones del que el artista negro (Seattle, 1942) tuvo que proveerse para llegar al festival de la isla de Wight, marco de una de sus últimas actuaciones en agosto de 1970: el día 18 de septiembre aparecía muerto en un hotel de Notting Hill, en circunstancias que nunca han sido completamente aclaradas.

Una sala de la exposición de Londres.- AP

Los seguidores de una de las figuras de la música más innovadoras e influyentes del siglo XX apreciarán especialmente las letras del tema Love or confusion escritas de su puño o esa chaqueta de terciopelo naranja brillante que lució en tantos bolos por el territorio británico y sobre todo su capital desde que su represerntante Chas Chandler introdujera al genio de la guitarra en el mundillo musical londinense, en 1966. Dos años más tarde, cuando Hendrix se decidía a alquilar su pisito de Mayfair, por 30 libras semanales (unos 36 euros al cambio actual), ya era considerado toda una estrella en Europa a partir del éxito de sus dos primeros singles editados, Hey joe y Purple haze.

Aquellos que espabilen para comprar las entradas, podrán recorrer las habitaciones de ese ático en el que vivió, compuso y recibió a sus amigos -la crema de la música del momento- que serán abiertas al público solamente del 15 al 26 de septiembre. Una propuesta más restringida en aforo y paralela a la propia exposición que, también a través de clips fílmicos y musicales, quiere explorar uno de los periodos más significativos del periplo artístico y personal de Jimi Hendrix.

Cuando el artista descubrió que George Friederich Händel había vivido durante 36 años en el inmueble adosado al suyo, la reacción inmediata fue irse a la Oxford Street para comprar todas las grabaciones disponibles del maestro clásico. Tal fue la intriga que le suscitó esa conexión con aquel personaje que, dos siglos atrás, habitara el vecino número 25 de la callejuela de Brook.

© EDICIONES EL PAÍS S.L.

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