Un largo camino en Pakistán

Más de 30,000 personas están atrapadas en sus techos o en zonas altas del país (AFP).

ÓSCAR BUTRAGUEÑO 21/08/2010

Los desastres naturales sacuden las vidas de una media de 211 millones de personas cada año. Es una cifra que se ha triplicado en los últimos 10 años. Hoy, en Pakistán, unos 20 millones -casi la mitad de la población española- sufren las consecuencias del golpe de las lluvias; de ellos, seis millones están en situación desesperada.

La gente se ha quedado sin casa, sin agua ni comida, sin cosechas, sin centros sanitarios, sin carreteras, electricidad, puentes, redes de saneamiento, escuelas y tal vez sin familia. Se han encontrado en la calle luchando por sobrevivir, bajo el frío de la noche o el calor abrasante del día y la incesante lluvia. Aproximadamente la mitad de ellos son niños, muy vulnerables ante la falta de agua potable y de alimentación, y en riesgo de explotación sea porque se han quedado solos o porque sus padres los tienen que poner a trabajar para incrementar los ingresos familiares.

Desde el primer momento, el Gobierno paquistaní, las agencias de la ONU y las ONG trabajamos para evitar que se pierdan más vidas, pero el alcance de esta catástrofe y el lento goteo de recursos financieros para hacer frente a una emergencia de semejantes dimensiones no han permitido responder a las necesidades de tantas personas con la celeridad deseada.

Unicef está distribuyendo agua a más de un millón de personas cada día, y se han recuperado fuentes que abastecen a otras 600.000. Pero aún hay millones que no tienen agua apta para el consumo, haciendo que el riesgo de brotes epidémicos sea nuestra principal preocupación.

Se distribuyen decenas de miles de raciones y suplementos nutricionales, pero aún no ha sido posible llegar a muchos miles de familias. Se inscribe a niños que están solos para que, en cuanto sea posible, se pueda buscar a sus familiares, y se han habilitado espacios en los que los niños están protegidos y reciben atención sanitaria y nutricional; pero queda mucho para que no haya ni un solo niño desamparado o trabajando porque su familia ha perdido su casa, sus medios de vida y, en fin, toda esperanza.

El apoyo de la ayuda internacional a través de contribuciones de Gobiernos como el español, administraciones públicas autonómicas y locales, empresas y otras entidades, y millones de personas a título individual alrededor del mundo es clave para que Unicef asegure el presente de estas mujeres y niños y se abran opciones de futuro.

Ahora es preciso concentrarse en salvar vidas y evitar una segunda oleada de muertes en forma de epidemias devastadoras. También debemos comenzar a pensar en restablecer servicios básicos como escuelas o centros sanitarios, que protegen a la niñez contra la enfermedad, aseguran el desarrollo completo de la capacidad cognitiva y física y garantizan un embarazo y parto seguros.

Es nuestro compromiso colaborar decididamente a levantar otra vez, otra vez más, esta porción de planeta que ha sido devastada. El camino no será fácil, pero con el esfuerzo de todos, seguro que este país lleno de gente acogedora podrá levantarse.

Óscar Butragueño es coordinador de Emergencias de Unicef Pakistán.

© EDICIONES EL PAÍS S.L.

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