Archivo para 25 agosto 2010

Temor a las epidemias

Foto: Reuters | Texto: Efe

Tras las inundaciones, la principal preocupación de las autoridades paquistaníes es la propagación de diversas epidemias. El primer ministro, Yusuf Razá Guilani, ha asegurado que su Gobierno está “seriamente preocupado” por la posibilidad de que se propaguen el cólera o la disentería. En un discurso sobre la situación sanitaria de Pakistán tras la catástrofe, Guilani ha alertado de que 3,5 millones de niños corren el riesgo de contraer enfermedades transmitidas por la contaminación de las aguas y mostró su solidaridad con los afectados por causa de las inundaciones, que cifró en 20 millones, aunque la ONU los sitúa en 17. Sigue leyendo

Periodismo, ideología

Carlos Mendo en la delegación de EL PAÍS en Washington

JOSÉ MARÍA IZQUIERDO 25/08/2010

Una persona con una clara carga ideológica, ¿puede ser un periodista objetivo? Un señor o una señora que se reclamen de derechas o de izquierdas y que acepten sin remilgos tal catalogación, que estén dispuestos a defender, incluso con vehemencia, su catálogo de ideas y valores ¿pueden ser buenos periodistas? ¿O es que acaso solo se puede ser buen profesional si se renuncia a pensar, a creer en unos u otros modelos de sociedad? ¿Hay que tener una cabeza sin contenido, un cerebro sin circunvoluciones, un libro sin letras para ejercer el buen periodismo? Es más: ¿puede ser buen periodista quien carece de ideas, quien desprecia los pesos y medidas de la justicia, de la equidad, de la convivencia?

Carlos Mendo era un señor de derechas y más de derechas que se iba haciendo según cumplía años… y un periodista de primera, un lujo para esta profesión, un ejemplo a imitar, un espejo en el que mirarse. Mendo lo fue todo en una profesión que mamó y que ejerció desde muy joven. Sigue leyendo

Yo la adoro, pero… (elogio del chisme)

La secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, susurra al oído de su marido, el ex presidente Bill Clinton.- REUTERS

JAVIER GOMÁ LANZÓN 14/08/2010

Hablar de los demás y criticar tiene aspectos positivos desde la filosofía

Un índice del nivel cultural de un país es la calidad de las conversaciones sociales que mantienen sus ciudadanos por puro pasatiempo. El tiempo pasa quieras que no y el pasatiempo es aquello que torna ese pasar inexorable en algo deleitoso. La conversación de recreo, entre familiares y amigos, durante comidas y cenas, en la terraza de un bar sobre el asfalto o a la aireada orilla del mar, es, por el placer que produce, la forma suprema de entretener nuestros ocios. ¿Todos los países conversan igual? Yo creo que no y me temo que, en perspectiva comparada, la conversación española, por regla general, no pica muy alto. Al menos entre los hombres, cuyos temas versan normalmente sobre deportes, política, negocios, trabajo y mujeres. En tanto que éstas, las mujeres, además de pedirse mutuamente consejo sobre cuestiones prácticas -consecuencia de soportar aún hoy la mayor parte del peso de la casa y la organización familiar-, llevan con mucha más frecuencia esos temas de conversación amistosa hacia materias personales, íntimas y confidenciales. Si, en una reunión de hombres, uno inicia un argumento, por liviano que sea, sobre estas peliagudas arenas movedizas, al punto cae sobre él la tacha de “intenso”, afectado o pedante. Posiblemente sea España el país con el menor número de pedantes de todo el mundo, porque una policía de lucha antipedantería está aquí siempre vigilante para que nadie escape a las pautas de roma conversación masculina. En cambio, las mujeres se intercambian noticias reservadas, abren su corazón a la amiga, comparten sus experiencias vitales y critican, critican mucho. Sigue leyendo

Teleseries de autor

Marcelo Figueras 14/08/2010

En la calidad de la escritura de los guiones está el éxito que viven hoy las series de televisión. Es allí donde parece emerger una creatividad renovadora que podría equipararse a la que supuso el teatro isabelino en su época.

Hasta el siglo XVII, los dramaturgos ingleses (Marlowe, Shakespeare, Jonson) veían sus obras editadas tan sólo en el formato denominado quarto. Así llamados debido a su fabricación -una hoja doblada se convertía en varias páginas de texto impreso-, los quartos se parecían a un panfleto. Hoy suena inverosímil, pero aquellos dramas y comedias no habían alcanzado aún el prestigio de las formas consagradas por el libro: el ensayo (Montaigne, Bacon), los diccionarios y enciclopedias (Florio, Topsell), la narrativa (Cervantes) y la poesía. ¡El único libro de su autoría que Shakespeare acarició en vida fue el de los Sonetos de 1609!

Aquellos quartos son los precursores de los guiones de hoy. Pero tranquilos, que no pretenderé a continuación que los guionistas somos Shakespeare. Aunque no sería injusto parangonar a ciertos autores (Mankiewicz, Wilder, Chayefsky, Coppola) con el Thomas Kyd de The Spanish Tragedie: ilustres antecesores de un relámpago que todavía no encendió nuestro cielo. (¿O será posible que nos haya visitado, ya, bajo el nombre The Wire?).

Tampoco sostendré que los guiones son alta literatura, aunque no cerraría la puerta a su valoración como subgénero. En sus características esenciales -pocas pero precisas indicaciones, diálogos, definición de parámetros visuales y sonoros-, los guiones profetizaron las formas de leer, ver y oír en sincronía que los nuevos soportes hacen ya posible. Las generaciones venideras leerán algo que se parecerá más a un guión que a una novela. No digo que será mejor, pero tampoco peor. Un siglo atrás nadie imaginaba que el cómic emularía la potencia narrativa de la literatura. Hoy títulos como From Hell, de Alan Moore, comparten mi estantería con Marlowe y Shakespeare, y sin complejo de inferioridad alguno. Sigue leyendo

‘El orgullo empieza en la entradilla’

Fotografía datada en junio de 1997 del periodista Carlos Mendo.- ULY MARTÍN

JUAN CRUZ 23/08/2010

Para todos nosotros, de cualquier edad, Carlos Mendo era un veterano. Había estado en mil batallas, y si lo dejabas te las contaba una a una, con todas sus circunstancias, con su parafernalia de datos. Todo de memoria. Sus batallas fueron las del periodismo; hizo excursiones en otros ámbitos, políticos o parapolíticos, pero siempre volvía con el equipo de periodista en la cabeza. Y fue periodista siempre, mientras respiró. Y este lunes dejó de respirar.

Todos tenemos nuestra historia de Mendo, desde aquel Mendo al que conocimos, con Fraga Iribarne, en la Embajada de Londres, hasta el Mendo que ahora decía en la radio lo que le daba la gana, y que escribía en EL PAÍS sus análisis de política internacional, donde estaba el Mendo en el que confluían su pasión y su historia, que era la de un hombre cargado con las contradicciones de su tiempo.

Este Mendo, mucho más metido en las turbinas de la ideología, era un Mendo de escaparate; en realidad, él se consideraba un hombre de agencia, un tipo que veía las cosas y las contaba con una urgencia ilustrada, la urgencia del que sabe que una noticia no depende del periodista, sino de la realidad. Y o cuentas bien la realidad, sujeto, verbo y predicado, o estás anulado como periodista. Eres, acaso, un hombre brillante, un ideólogo, un columnista; pero no eres verdaderamente un periodista como aquellos a los que Mendo nos leía sus entradillas. Sigue leyendo

Hay un método en su locura

Nos quedamos sin glaciares...

22/08/2010

Qué tienen en común las inundaciones en Pakistán y parte de Europa central, la ola de calor en Rusia, la sequía en África y los desprendimientos de tierras en China? El cambio climático, probablemente. Aunque la estadística no puede aún demostrar una relación causal, los dedos de los expertos tienden a apuntar en esa dirección. Sigue leyendo

Silencios ominosos, condenas inmisericordes

La silueta de Benedicto XVI, en el Vaticano. | AP

JUAN JOSÉ TAMAYO 14/08/2010

Silencios ominosos y condenas inmisericordes. Esa ha sido la actitud del Vaticano y de buena parte de la jerarquía católica durante los últimos 70 años. Silencios ominosos ante masacres y crímenes contra la humanidad y sus responsables. Condenas inmisericordes contra teólogos y teólogas, sacerdotes, obispos, filósofos, escritores -cristianos o no- por ejercer la libertad de expresión y atreverse a disentir; condenas todas ellas contra toda lógica jurídica, que establece que “el pensamiento no delinque”. Silencios ominosos sobre personas sanguinarias, ideologías totalitarias y dictaduras militares con las manos manchadas de sangre. Condenas inmisericordes a hombres y mujeres de manos limpias, de honestidad intachable, de ejemplaridad de vida.

El más grave de esos silencios fue, sin duda, el de Pío XII ante los seis millones de judíos, gitanos, discapacitados, homosexuales, transexuales, gaseados y llevados a las piras crematorias de los campos de concentración del nazismo. Ya antes, siendo secretario de Estado del Vaticano firmó, en nombre de Pío XI, el Concordato Imperial con la Alemania nazi bajo el Gobierno de Hitler. Ahí comenzó su complicidad con el nazismo. Uno de los intelectuales más madrugadores en la denuncia de tamaño y tan ominoso silencio fue el dramaturgo alemán Hochulth en su obra de teatro El Vicario, estrenada en 1963.

En 1953 Pío XII firmó un Concordato con Franco, legitimando la dictadura, mientras guardaba silencio sobre la represión franquista después de la guerra civil, que costó decenas de miles de muertos. Sigue leyendo