La Luna conserva valiosos excrementos

El Apolo XI en la Luna

Nuño Domínguez

Hay dos tipos de excursionistas: los que no recogen la basura y los que hacen historia con ella. Los dos hombres que pisaron la Luna por primera vez están entre los segundos. Los tripulantes del Apolo 11, que llegaron a la Luna en 1969, no sólo plantaron en la base Tranquility la mítica huella y la bandera de Estados Unidos. Según documentos oficiales, esparcidas por la zona quedaron más de dos toneladas de lastre que los astronautas tuvieron que abandonar antes de volver a casa. Allí quedaron un sismógrafo, unas pinzas, dos revistas de cine, dos pares de botas y… varias bolsas llenas de orina y excrementos.

Buzz Aldrin, cuyos saltos por la superficie lunar fueron inmortalizados por las cámaras, explicó algunos detalles el pasado junio. “Estábamos muy bien entrenados en el arte de desechar residuos”, confesó a Vanity Fair. “Había unas cosas llamadas bolsas azules –continúa–. Tenían un adhesivo y te las podías pegar a las posaderas. Para orinar, había una especie de cateter-condón. Nos habían avisado de que no sobrestimásemos nuestro tamaño, porque si el condón era demasiado grande, habría filtraciones”, explicaba entre risas el astronauta. Varias de esas bolsas con las aguas mayores y menores de los pioneros espaciales fueron abandonadas para aliviar el peso del módulo de retorno.

La profesora de la Universidad de Nuevo México, Beth O’Leary, ha pasado años repasando documentos desclasificados hasta recomponer la lista completa con los más de 100 objetos que Aldrin y Armstrong dejaron atrás. Si un alienígena los encontrase, quedaría desconcertado. Junto a medallas que honran a los cosmonautas soviéticos Yuri Gagarin y Vladimir Komarov, vería un mensaje de paz redactado por Richard Nixon. Cerca de maravillas tecnológicas como el módulo de descenso lunar, descubriría paquetes de comida vacíos y cuatro bolsas de orina.

El afán de O’ Leary es que el catálogo completo sea declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, pues teme que, si no es así, los objetos se conviertan en el botín de futuras misiones privadas a la Luna. Aún no ha logrado convencer a la ONU, pero sí a los estados de California y Nuevo México, que este año elevaron el vertedero lunar a la categoría de bien de interés cultural e histórico. Aldrin también aprecia la mayoría del material, pero tiene dudas. “Ciertamente hay un valor histórico y cultural”, explicó a LA Times en enero. “¿Pero querrá alguien las bolsas de orina?”, se preguntó.

http://blogs.publico.es/libre-2010/2010/08/29/la-luna-conserva-valiosos-excrementos/

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