El día en que fuimos a la playa

Alto el fuego de ETA/ Foto: Web de Gara

PEDRO UGARTE 11/09/2010

El anuncio de la tregua, o lo que demonios sea esto, me pilló en la playa de Laida. No vamos mucho a la playa pero, por eso mismo, ver a mis niños cómo reían y jugaban con las olas (sorprendidos, excitados, después de todo un verano varados en piscinas de interior) fue lo mejor del día, de la semana y del mes. Entonces llamó un amigo y me dio la noticia. “Su-etena”, me dijo, en el idioma en que hablamos. Y yo reflexioné un momento sobre las sutilezas que alberga cada idioma, por ejemplo, el castellano, a la hora de diferenciar entre tregua y alto el fuego. La reflexión duró pocos minutos, porque hacía un tiempo espléndido y el día merecía ser aprovechado. Así que, como soy un mirón (de la naturaleza humana en general, no sólo de lo que están pensando, aunque también, qué quieren, siendo sinceros, pero no sólo eso, que quede claro, y por favor), me puse las gafas de sol y observé las costumbres del personal y el devenir de las mareas con curiosidad naturalista.

Hubo baños de sol, baños acuáticos y, al final, baños de multitudes, porque al atardecer la gente emprendió su peregrinaje hacia los coches. Era algo bíblico, qué sé yo, una especie de éxodo. Mientras tanto, los boletines radiofónicos hablaban de la tregua, pero cómo ocuparse de ella ante el reflejo del sol sobre las aguas del estuario de Urdaibai o al divisar más tarde la romántica estampa del castillo de Eugenia de Montijo, que me empaña los ojos porque trae recuerdos imborrables de mi infancia. Y entonces uno descubre que la tregua, el cese, o lo que demonios sea esto, tiene un nombre abstruso y complicado, en concreto, “no llevar a cabo acciones armadas ofensivas”. Pensé un momento y me dije: “tiene delito”.

Llevábamos a casa la aspereza del salitre, y ese cansancio óseo y llevadero que inocula en el cuerpo todo un día de playa. La tregua, o lo que demonios sea esto, no logró desfigurar el perfil de una jornada amable, como si la política, la maldita política vasca, no tuviera fuerza bastante para condicionarlo todo y la vida, la verdadera vida, fuera por una vez más importante. Llegamos a casa felizmente cansados y, a pesar de esa melancolía tosca e irredimible que siempre tienen los domingos por la tarde, decidimos no sucumbir al desánimo. Podíamos preparar la cena y jugar después a alguna cosa. Y mientras tanto los informativos seguían hablando, con burocrática constancia, con profundo aburrimiento, sin atisbo de entusiasmo, del alto el fuego, la tregua, o lo que demonios sea esto. Pero no teníamos tiempo para esas tonterías: allá nos esperaba el primer día de la primera semana del nuevo curso escolar, de modo que la familia afrontó las necesarias labores de intendencia, y después todos a la cama.

En efecto, un día cualquiera. Un día más. Un día en que, por suerte, no pasó nada grave. Un día en que, mal que les pese, vivimos a sus espaldas.

© EDICIONES EL PAÍS S.L.

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  1. Excelente articulo. Es fuerte sin dejar de ser muy sutil. Se aplica allá y aca tambien. La escena familiar enternece como primer plano dejando la aspera noticia en un plano posterior, un blablabla al fondo. Da gusto leer cosas asi de breves y expersivas. Un abrazo

    • “Hay otros mundos pero están en este” decía Paul Èluard. En uno de esos mundos que habitamos convivimos con el secuestro, la extorsión, la amenaza, el tiro en la nuca, la bomba lapa agazapada bajo el asiento del coche….el trasiego de las armas, las escuchas, las cárceles lejanas, las torturas, la injusticia, la ley y la trampa…En otro de esos mundos nuestros hijos juegan en la playa vigilados por nosotros, padres atentos y complacidos. En ocasiones estos mundos se mezclan y se produce el esperpento, el anacronismo, la alucinación en el mejor de los casos, cuando no el puro miedo y la indefensión. Que cerca están, pero que lejanas suenan sus voces. Del más allá. Toda la vida con este “run –run”. Desde mi infancia acompañándome. ¿Dejaremos que nuestros hijos hereden estos sonidos?….Gracias, Ana por tu comentario.

  2. Pedro Ugarte se ha ganado el lugar principal entre mis favoritos del siglo XX hace mucho tiempo, y no deja de darme razones para seguir admirándolo. Elegante y formal, pero firme y sincero. Todo un señor.

    • Víctor, que alegría tenerte orbitando el Asteroide, de nuevo. Me gustó este artículo, donde el devenir del día a día en un mundo que nos esforzamos en vivir con placer y responsabilidad, quiere ser interrumpido por el comunicado de quienes incluso al anunciar su intención de “no llevar a cabo acciones armadas ofensivas” , amenazan. Sí las defensivas. “Nos defenderemos”. Ya no queda nada de la ilusión que nos embargó en otras ocasiones donde aspirábamos a librarnos de esta losa, lo que parecía imposible, pero que en su momento ocurrió con el “apartheid” o la caída del muro de Berlín por nombrar dos que he vivido con entusiasmo. Una desilusión y una indiferencia que tan bien quedan reflejadas en la frase final de este texto. Muchas gracias por tu comentario.

  3. Me imagino que todos tenemos ilusiones de que todo mejorará (en lo personal, en lo social…), optimismos muy humanos, pero al asunto de ETA, que afecta a tantísima gente, y tan gravemente, no le veo salida. Es como lo del matón del patio, que sólo deja de fastidiar cuando él se marcha o tú cambias de cole. Y en este caso, las opciones son menos.
    Estuve a principios de verano en Vitoria, y al salir de un café vimos a varios políticos (reconocidos de verlos en la tele) con escolta. No hay derecho a eso, y espero sinceramente que el tema del terrorismo se vaya apagando paulatinamente (pero sin pausa), y que todo el mundo pueda estar tranquilamente en cualquier parte, sea donde sea y piense como piense (siempre y cuando no asesine). Es una ilusión a largo plazo, pero no voy a permitir que esos matones me la quiten.
    Un abrazo, Joselu.

    • Matizo todo.
      Mi deseo, el deseo de todos, también de la sociedad vasca, es conseguir la paz, así que no queda más remedio que valorar y entender como muy positivo y un paso adelante en lo racional, el último comunicado de ETA.
      Esto es así. ¿Porqué?.
      -Hace tiempo que no te parto la cara. De momento te dejo que juegues en el patio. Paro de zurrarte. ¿Cómo lo ves?
      En lo humano
      Porque de entrada todas las personas, independientemente de sus ocupaciones (guardias civiles, militares, ertzainas, políticos, periodistas, empresarios, jubilados, cocineros, funcionarios, catedráticos, jueces, sus esposas, los escoltas de todos ellos, sus hijos, niños y gentes anónimas que pasaban por ahí …) y que están en el punto de mira de la organización terrorista, van a poder respirar tranquilos e intentar recuperar algo de la libertad que esta situación les tiene negada, como pasear al perro, ir a comer un pintxo o jugar una partida de cartas en el bar de debajo de su casa, por decir algo. Nadie tendrá que arrastrarse bajo su coche para antes de arrancarlo a diario, asegurarse de que no hay una bomba y pueda llevar a sus hijos al colegio.
      -Podemos jugar en el patio sin que el matón nos pegue.
      En lo político
      Además, más allá del “digoloqemedicenquediga” mediático que corea, tal que un loro amaestrado, que TODO es fruto de la presión policial y judicial que se cierne sobre estos asesinos, hay que reconocer la labor y el cambio de postura en las bases de la izquierda abertzale que parece haberse convencido después de 50 años y casi 900 muertos de un lado y más de 200 del otro que es necesario desenmarañar la cuerda a la que se agarran para poder hacer nudos que sujeten sus deseos (y el mío) de una Euskadi libre, de ciudadanos libres y solo posible en paz plasmada en la “Declaración de Iruña” donde se manifiesta, por fin, en público lo que desde hace mucho se hablaba en privado. Permeable ahora a la presión internacional buscan acuerdos con otros partidos políticos. Se pliegan, al parecer, a la política.
      Bien. Ya era hora.
      -Oye, tú. El patio es mío.
      Hago un esfuerzo, ¿eh, Victor?. Sigo.
      Un escenario en el que ETA se aparta y cede el testigo a la izquierda abertzale que toma la iniciativa, abre las puertas a la normalización del espectro político devolviendo su presencia en las urnas y recomponiendo un perfil de reparto de poderes en instituciones, ayuntamientos, parlamento y gobierno más acorde con la realidad social que tenemos, quedando todo el mundo representado y contento.
      -Habla con nosotros, que a este se la va la mano a la mínima.
      -¿Con vosotros que le reíais las gracias y le aplaudíais cuando me hostiaba?
      -Venga, en serio. Este patio es nuestro.

      Y para terminar, antes cansado y ahora más, la actitud de quienes se empeñan en no dar una oportunidad a la paz, incapaces de reconocer nada de esto, ninguneando toda pizca de ilusión y negándose a preguntar “¿porqué dices que el patio es vuestro? Y solo siendo capaces de contestar “éste patio es mío y además te hago burla cuando te das la vuelta”.
      El “apartheid” o la caída del muro de Berlín te decía el otro día, pero también la Paz en Irlanda. Parecía imposible. Y mira.
      A pesar de unos y de otros, ETA va a desaparecer. Lo vamos a ver. No hay derecho a que nuestros hijos vayan a la playa en medio de estos sonidos. Hemos de ser la última generación inmersa en este conflicto.
      Lo vamos a ser.
      -Este patio es tuyo, pero también mío. Aquí podemos jugar los dos ¿no crees? Y con el tiempo, en este patio nuestros hijos jugarán juntos.
      -¿Amigos?

      Gracias, Victor. Un abrazo.

  4. Joselu, intentaré exponer un poco como me ha to (¡Qué susto, acaba de caer una guadua!… ¡de verdad! … no hubo daños) Que cosas tiene la vida… te decía: cómo me ha tocado vivir el terrorismo. Es como estar en medio de una balacera, tirarte a piso y rezar para que no te toque una bala, pero sin embargo levantarte y ver que hay un amigo muerto o una prima secuestrada por año y medio o la hija de otra quemada al estallar un carro bomba y morir días más tarde o un tío que resistió la llegada de la guerrilla y de los paramilitares a la vecindad de su parcela hasta que fue asesinado por unos guerrilleros a los que no les importó que fuera un anciano, o tu suegro que no pudo volver a su finca porque era extorsionado y amenazado o más vecinos secuestrados o helicópteros patrullando o bombas estallando en cualquier centro comercial… en fin. Soy una mujer corriente y mi historia no es excepcional. Todo este terror se había aliviado al arrinconar a los guerrilleros y a los mafiosos, pero desafortunadamente ellos toman ventaja de cualquier descuido, de cualquier debilidad y se envalentonan y hacen alarde de su poder terrorista y lo logran. Ahora cayó una guadua y todavía me palpita el corazón y me acuerdo cuando estallo el primer carro bomba, hace muchos años, en medio de la noche. Aunque no entendíamos qué había pasado, sí sabíamos que era algo horrible. Sin embargo, me gusta contar la cotidianidad un poco trivializada, narrar eventos sutiles y a veces un poco tontos porque ya hay muchos que narran la violencia, incluso hay un género irónicamente llamado la “sicaresca”, refiriéndose a los sicarios. Todos los que salen de un secuestro escriben un libro, los mafiosos y sus mujeres también han sido extensamente abordados en la literatura, las prepago que son prostitutas de un nivel más elevado, en fin, son tantas cosas que un cuento se quedaría corto, y yo que sé qué es vivir con miedo, quiero creer que la vida es más que eso.
    Un abrazo Joselu

    • Sentí un malestar profundo mientras leía tu comentario y rememoraba la angustia que sentí en cierta ocasión intentando confirmar donde estaba cada uno de mis seres queridos de entonces cuando la policía me impidió continuar por una de las calles de mi Bilbao cortada por la amenaza de una bomba que finalmente reventó frente a un banco. No ha sido la única vez.
      Los mensajeros del miedo, del mal absoluto. La negación del otro
      Héctor Abad Faciolince, al que seguro conoces, comienza y acaba su hermoso libro “El olvido que seremos” preguntándose sobre el porqué de esas muertes al exorcizar el asesinato a manos de unos sicarios de su padre, el doctor Héctor Abad frente al Sindicato de Maestros de Medellín en agosto del 87.
      En un bolsillo llevaba escrito un soneto “Epitafio” de Borges que empieza: “Ya somos el olvido que seremos…”
      Somos una sociedad enferma, cada vez más incapaz de empatizar con el sufrimiento del otro. No queda más remedio que educar para la paz y ser una generación de transito, depositarios de la semilla que germinará en el reconocimiento del otro necesario. Solo así y borrando la obscena y continua recreación en la violencia que nos anestesia ante el dolor ajeno podremos reencontrarnos con la ética y la moral que hemos perdido por el camino y que necesitamos para que nadie sea en vida “el olvido que seremos”.
      La vida, en efecto, es más que eso. Te felicito, Ana.

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