El ‘último’ Sánchez Cotán

'Bodegón con flores, hortalizas y un cesto de cerezas'

'Bodegón con flores, hortalizas y un cesto de cerezas' /'ARS MAGAZINE' |

ÁNGELES GARCÍA – Madrid – 16/09/2010

El paradero de la obra del maestro Juan Sánchez Cotán (Orgaz, 1560 – Granada, 1627) ha perdido un eslabón en su halo de misterio. El pintor toledano que convirtió el bodegón en todo un género ejecutó un total de nueve naturalezas muertas. De ellas, solo seis estaban localizadas y catalogadas. La séptima, Bodegón con flores, hortalizas y un cesto de cerezas, acaba de ser identificada; pertenece a los David-Weill, una acaudalada familia de banqueros franceses cuya matriarca, Eliane David-Weill, legó la pintura a sus hijos hace dos años. El cuadro se encuentra ahora mismo en las dependencias de una galería de arte madrileña, Caylus.Sánchez Cotán fue el primero en otorgar a sus bodegones la categoría de género pictórico. Sus frutas y verduras impregnadas de metafísica le consagraron en vida y le convirtieron después en verdadero artista de culto. Gracias al testamento que realizó al abandonar Toledo e ingresar como cartujo en Granada, se sabe que pintó nueve bodegones. Ahora solo quedan dos de ellos en paradero desconocido.

Sometido a una sencilla operación de limpieza, el último Sánchez Cotán se expuso el pasado mes de abril en la Fundación Gulbekian de Lisboa. Por el momento, se desconoce si sus propietarios franceses tienen la intención de ponerlo a la venta, aunque la noticia de su localización ha levantado ya grandes expectativas entre coleccionistas públicos y privados.

'Bodegón con caza, hortalizas y frutas'

- Bodegón con caza, hortalizas y frutas es el único Sánchez Cotán que posee El Prado. Fue adquirido en 1990 por 435 millones de pesetas gracias al Legado de Villaescusa.- 'ARS MAGAZINE'

Bodegón con flores… es un óleo de 89 – 109 centímetros, con una composición algo diferente a la de los restantes trabajos del artista. De los que se le conocen, es el único en el que el pintor incluyó flores: en concreto, azucenas blancas y rosadas, similares a las utilizadas por El Greco en algunas de sus composiciones. El elemento central del cuadro es un cesto de mimbre cargado de cerezas y rematado con claveles. Dos manojos de espárragos, un plato de judías verdes, alhelíes, rosas y azucenas ocupan la base de la alacena. La negritud del fondo del lienzo recrea sus clásicos vacíos profundos poblados de sombras y misterios de forma que lo natural vuelve a unirse con lo sobrenatural. Como en el resto de su obra, la colocación de los objetos, siempre escasos, parecen organizados en función de alguna regla matemática o procedente de mundos esotéricos.

El historiador y comisario Peter Cherry explica, en el número de octubre de la revista Ars Magazine, que se trata de un lienzo en el que se muestran los cuatro lados de su habitual escena a través del marco de una ventana proyectada en perspectiva desde un punto de vista bajo. Dentro del marco están todas sus naturalezas muertas, de forma que convierte la superficie del cuadro en una abertura ficticia, una estructura donde localizar objetos de tamaño natural.

La obra fue realizada para decorar la parte alta de un interior y debe contemplarse de abajo hacia arriba, única manera de apreciar la perspectiva del bodegón. Hasta su retirada del mundo civil, a los 43 años, Sánchez Cotán era ya un artista cotizado. Los encargos le llovían. El bodegón localizado habría sido pintado por deseo de una rica familia toledana. En su estudio, Peter Cherry argumenta con detalle cómo esta obra figura entre las primeras naturalezas muertas españolas con flores.

Aunque el paradero del bodegón fue un misterio durante mucho tiempo, su trayectoria está documentada. Actualmente es propiedad de los David-Weill, una familia de banqueros franceses con propiedades en Cataluña. La madre, Eliane, creó una importante colección de arte y en la década de los 60 compró el bodegón de Sánchez Cotán en la sala Parés de Barcelona. Décadas antes, en 1936, la obra formó parte de una exposición de bodegones de la colección de Juan Martínez de la Vega, aunque en esa muestra se exhibió bajo la autoría de Zurbarán con una interrogación añadida.

Enrique Lafuente Ferrari fue el primer especialista que publicó una investigación detallada sobre el bodegón y demostró la autoría de Sánchez Cotán, desmontando de golpe todas las dudas que pudieran plantearse. Es un trabajo que ahora se ve complementado con la tesis de Peter Cherry. Un sello estampado en el bastidor prueba que el cuadro estuvo en Suiza, lo que parece indicar que durante la Guerra Civil, sus propietarios lo entregaron a la junta de salvación de obras de arte creada por la República, encargada de proteger piezas de arte de propiedad pública o privada.

La media docena de bodegones de Sánchez Cotán ya conocida es difícil de contemplar: parte de ella se encuentra en colecciones privadas. Parcialmente se han podido ver algunos de los bodegones en exposiciones monotemáticas, como la celebrada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao en 1990.

El Museo del Prado posee uno de los primeros trabajos que se conservan de Sánchez Cotán: Bodegón con caza, hortalizas y frutas, un óleo de 68 – 89 centímetros adquirido con el famoso legado de Villaescusa. Se pagaron 435 millones de pesetas en 1990. En él, un cardo absorbe la luz y rompe con sus curvas la disposición geométrica de los otros elementos. La adquisición fue todo un acontecimiento porque se cubría, al menos parcialmente, el agujero creado en las colecciones reales, donde la suntuosidad de las naturalezas muertas de los Países Bajos habían desplazado al bodegón español. El resto de su obra se encuentra repartida en museos de San Diego, Chicago y en diferentes colecciones particulares.

Bodegón con cardo y zanahorias es su última pintura de este género. Se encontró en Granada, en 1835, durante la supresión de los conventos. Aquí ya no hay ni flores ni frutos. Los alimentos se reducen a la mínima expresión. Todo el protagonismo es para el vacío de sus fondos negros. Después, Juan Sánchez Cotán se entregó a la pintura religiosa… pero eso es ya otra historia.

© EDICIONES EL PAÍS S.L.

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