El refinado ingeniero que fusilaba novelas

Fabio Filipuzzi ha provocado un gran revuelo en el mundo editorial italiano

MIGUEL MORA 26/09/2010

Tras el inventor de entrevistas Tommaso Debenedetti, Italia no ha tardado en aportar a la historia de la literatura a su novelista y ensayista imaginario. Se trata de un ingeniero y escritor de Udine, norte del país. Su nombre es Fabio Filipuzzi y ha publicado con su firma nada menos que seis libros entre 2006 y 2010. Tan copiosa producción presentaba leves defectos. Era una copia integral de obras ajenas. Un plagio entero y verdadero.

En esos cuatro años de febril actividad, Filipuzzi, un friulano que según muestra su foto tiene la frente despejada, un aspecto agradable y unos 45 años, entregó a la imprenta tres novelas y tres ensayos. De la ficción, apenas algunas líneas fueron escritas por él mismo. La primera novela, La parola smarrita (La palabra perdida), es una fotocopia, salvo por las primeras frases y algunos nombres propios cambiados, de la traducción al italiano de La tarde de un escritor, un conocido libro de Peter Handke.

La segunda, titulada La hipótesis de la belleza (la verdad es que Filipuzzi titula con garbo) es un calco, de la primera a la última línea, salvo por unas palabras iniciales copiadas de El animal moribundo de Philip Roth (la víctima preferida de Debeneddetti) y por el cambio de nombre infligido a la protagonista, de Aurore, la primera novela obra del escritor e intelectual francés Jean-Paul Enthoven (conocido además del papel cuché porque hace años fue novio de Carla Bruni).

La última novela atribuida a Filipuzzi se titula La donna di velluto (La mujer de terciopelo), fue publicada igual que la segunda en 2009 y tenía una inspiración más ecléctica: se trata de un heterogéneo copia y pega que mezcla párrafos de Paul Auster y Christopher Isherwood con aportaciones de dos autores célebres por razones menos literarias: Josephine Hart (escritora irlandesa y esposa del magnate de la publicidad Maurice Saatchi) y Alain Elkann (periodista y padre de los nietos de Gianni Agnelli).

En cuanto a los tres ensayos de filosofía, estética y arquitectura, todavía no ha trascendido del todo en qué autorizadas fuentes bebió el esforzado ingeniero de Udine al abordar tan nobles asuntos.

Filipuzzi y su caso guardan una curiosa semejanza con el del compulsivo entrevistador falsario Tommaso Debenedetti. Como él, Filipuzzi es nieto de un respetado intelectual italiano del siglo XX, en su caso el crítico Angelo Filipuzzi.

Las dos editoriales que publicaron sus falsos, Campanotto y Mimesis, han declarado que jamás sospecharon que pudiera estar engañándoles. Especialmente Mimesis, donde Filipuzzi era subdirector editorial y dirigía una colección de narrativa. Un comunicado colgado en la web de la editorial tras descubrirse el pastel explica con gran prosopopeya el asunto: “Óptimo currículum, persona elegante y refinada, (Filipuzzi) ha realizado este gesto inexplicable y en parte surrealista que también a nosotros nos resulta difícil descifrar”, dice. Y añade: “El ingeniero Filipuzzi, oído brevemente al teléfono, ha pedido disculpas y de modo inequívoco ha asumido toda la responsabilidad, aceptando inmediatamente nuestra petición de dimisión de su cargo. Mientras tanto la editorial ha retirado su volumen (La mujer de terciopelo) del mercado editorial y pedirá pronto un resarcimiento de daños”.

El falsario impecable ha tardado cuatro años en ser descubierto, bastante menos que el romano Debenedetti, quien se tiró una década inventando y publicando entrevistas. Si fue Philip Roth quien desenmascaró al falso entrevistador al ser confrontado por una periodista italiana con una supuesta declaración suya, Filipuzzi ha sido descubierto por un lector, traductor, ensayista y librero italo-alemán de Trieste, una ciudad cercana a Udine.

Jean-Pierre Bouerdick, el descubridor de uno de los casos de plagio más asombrosos de la historia, ha contado que notó algo raro cuando leyó La parola smarrita porque le recordó mucho a uno de sus autores preferidos, Peter Handke. Tras comprobar que Filipuzzi había copiado literalmente La tarde del escritor, decidió seguir investigando, y descubrió la falsificación del Aurore de Enthoven, y más tarde el plagio colectivo perpetrado para La mujer de terciopelo.

A falta de contrastar los ensayos Eros y logos y La función social del arte, ambos editados en Campanotto y ya retirados del mercado, Bouerdick ha logrado hallar el modelo original de un tercer ensayo firmado por Filipuzzi e incluido en una antología, editada para Mimesis por él mismo y por Luca Taddio, que se titula Construir, vivir, pensar y en la que se reúnen artículos de autores vivos y muertos, entre otros José Ortega y Gasset.

El ingeniero aporta al grueso volumen el artículo La questione dello spazio e l’estetica decostruttivista di Bernard Tschumi, copia literal de un ensayo del arquitecto Claudio Nurzia, al que Filipuzzi ni siquiera cita.

A diferencia del locuaz Debenedetti, Fabio Filipuzzi no parece tener afán de protagonismo. Algunos blogs italianos le han contactado por teléfono, pero se ha negado a hacer comentarios. Sin embargo, sus editores de Campanotto y Jean-Pierre Bouerdick, Mimesis se han declarado desconcertados. “Naturalmente no sabíamos nada”, ha dicho Pierre dalla Vigna, de Mimesis, “nunca sospechamos de él y nos apesadumbra mucho”.

Como era de esperar, Debenedetti está disponible para hacer un comentario. Y solo tiene frases amables y admirativas para Filipuzzi. “Es un verdadero genio”, exclama al teléfono. “Eso sí que es ser un campeón de la mentira. Me ha destronado. Hacemos artes distintos. Yo invento, él fusila. Aunque copiar tanto y tan bien como él es una forma de arte. Me gustaría encontrarle y proponerle un libro a cuatro manos. ¡Falsos de autor!”. Y concluye recordando su teoría favorita: “Como expliqué cuando me cazaron, esto demuestra una vez más que el sistema editorial italiano es un mundo carente de verdad en el que todo está permitido. ¿Cómo es posible que ningún crítico ni periodista se haya dado cuenta hasta ahora?”.

© EDICIONES EL PAÍS S.L.

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  1. Desconcertada. Es increible que sucedan estas cosas, pero es tambien fascinante que Debenedetti haga esas declaraciones llenas de desafío que rayan en el descaro y caminan por el cinismo.

    • Pues no creas, no creas…no es tan poco común. En cuanto rascas empiezan a salir casos. Aquí tuvimos nuestro Filipuzzi particular en la figura de una destacada periodista, Ana Rosa Quintana, famosa por sus magazices televisivos en todo el país.
      “En el año 2000 se produjo su polémico debut como escritora, con la novela Sabor a hiel, basada en historias de mujeres maltradas que habían pasado por su programa. El libro se convirtió rápidamente en un éxito, con más de 100.000 copias vendidas, presentándolo en sociedad con Ana Botella mujer del entonces presidente del Gobierno, José María Aznar. Sin embargo, poco después de su salida al mercado, se descubrió que algunos párrafos de la novela habían sido copiados de la obra Álbum de familia de Danielle Steel. Inicialmente, Quintana lo atribuyó a un error informático, y, mientras la Editorial Planeta preparaba una segunda edición corregida, la revista Interviú reveló la presencia de otros pasajes copiados, literalmente, de Mujeres de ojos grandes, obra de la autora mexicana Ángeles Mastretta. Quintana, en un comunicado público, responsabilizó de lo sucedido a un estrecho colaborador, el periodista David Rojo y, por su parte, Planeta retiró el libro del mercado”.
      Ana Rosa Quintana culpa del plagio a un estrecho colaborador
      Ver para creer. “Con un par”, que se dice por aquí. ¿Qué verán cuando se miran en el espejo?.
      Un abrazo, Ana. Gracias.

  2. Este ingeniero se une a la lista de mentirosos del mundo editorial o periodístico donde también se da con más frecuencia. Es a pesar de todo un personaje que llama la atención. Se asocia con esas personas que viven una vida de mentira. Serán siempre personajes de literatura en si mismos. Para ripley !!!

    • Tienes razón, José. Va de psicópatas. No presentan un deterioro en su percepción de la realidad, en todo momento son conscientes de lo que hacen. Saben que son impostores.
      Como se de tus lazos con el cine renuncio al Ripley de las novelas.
      De “A pleno sol” escrita por Patricia Highsmith en 1955 hay dos versiones cinematográficas. Una de 1959, dirigida por René Clément y otra de Anthony Minguella de 1999.
      Respecto de lo mentiroso y manipulador que llega a ser Ripley (Tom) hay un dialogo en la versión de Minguella que es devastador. Dickie pregunta al protagonista cuál es su talento (todo el mundo tiene un talento, al menos uno, bla, bla…); Tom Ripley responde:
      – Decir mentiras, falsificar firmas, imitar voces.
      Porque Fabio Filipuzzi y Tommaso Debenedetti poseen estos “talentos” pueden actuar fraudulentamente, presentarse como quien no son (creadores) y cometer esas estafas.
      Al “otro” Ripley (Robert), habría que librarle ya de las etiquetas de mentiroso y manipulador: Estarás de acuerdo conmigo que alguien que se dedica al espectáculo y se muere en directo , ante las cámaras de televisión y en su programa decimotercero…si, si…”¡Aunque usted no lo crea!”.
      Un abrazo José. 😉

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