Archive for the ‘ Literatura ’ Category

El sueño del celta

El próximo libro de Mario Vargas Llosa, 'El sueño del celta' (Alfaguara), que saldrá a la venta el 3 de noviembre, narra la vida de Roger Casement, cónsul británico que denunció las atrocidades coloniales de Congo, nacionalista irlandés y reo ajusticiado. Este es un extracto del primer capítulo

Mario Vargas Llosa

Cada uno de nosotros es, sucesivamente, no uno,
sino muchos. Y estas personalidades sucesivas, que
emergen las unas de las otras, suelen ofrecer entre sí
los más raros y asombrosos contrastes.
José Enrique Rodó
Motivos de Proteo

 

El Congo

Cuando abrieron la puerta de la celda, con el chorro de luz y un golpe de viento entró también el ruido de la calle que los muros de piedra apagaban y Roger se despertó, asustado. Pestañeando, confuso todavía, luchando por serenarse, divisó, recostada en el vano de la puerta, la silueta del sheriff. Su cara flácida, de rubios bigotes y ojillos maledicentes, lo contemplaba con la antipatía que nunca había tratado de disimular. He aquí alguien que sufriría si el Gobierno inglés le concedía el pedido de clemencia.

-Visita -murmuró el sheriff, sin quitarle los ojos de encima.

Se puso de pie, frotándose los brazos. ¿Cuánto había dormido? Uno de los suplicios de Pentonville Prison era no saber la hora. En la cárcel de Brixton y en la Torre de Londres escuchaba las campanadas que marcaban las medias horas y las horas; aquí, las espesas paredes no dejaban llegar al interior de la prisión el revuelo de las campanas de las iglesias de Caledonian Road ni el bullicio del mercado de Islington y los guardias apostados en la puerta cumplían estrictamente la orden de no dirigirle la palabra. Sigue leyendo

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Lo que no saben hacer los imbéciles

 

Foto

Kenzaburo Oé, Nobel de Literatura 1994, de visita en México un año después de recibir el galardón./Foto Fabrizio León Diez

 

JAVIER CERCAS 03/10/2010

El número de septiembre de la revista Letras libres contiene una interesantísima correspondencia entre el escritor J. M. Coetzee y Arabella Kurtz, profesora de psicología en la Universidad de Leicester. El hilo conductor de ese diálogo es la vindicación que Coetzee hace de la empatía, entendiendo por tal cosa la capacidad de identificarnos imaginativamente con otra persona, de meternos en su cabeza y en su piel, de ver el mundo como ella lo ve: una capacidad que Coetzee parece valorar casi tanto como nuestra capacidad de razonar. Esa vindicación permite a los dos interlocutores discurrir acerca de asuntos diversos, sobre todo acerca de la paternidad y la educación, lo que resulta particularmente instructivo en el contexto español. Quiero decir que en España el debate sobre la educación parece a menudo encallado en el debate sobre la autoridad, o más bien sobre la crisis del concepto de autoridad, que se traduce en la falta de autoridad de padres y profesores; pero, formulado en esos términos, el debate es, me parece, desoladoramente pobre, si no inútil, porque el problema no es si padres y profesores deben ejercer la autoridad –cosa que debería darse por descontada–, sino cómo pueden o saben o quieren ejercerla. Sigue leyendo

“La barbarie es fruto de la mediocridad”

John Le Carré

IKER SEISDEDOS (ENVIADO ESPECIAL) – Berna – 27/09/2010

A John Le Carré le encanta una buena trama. Cita al periodista una injusta mañana invernal en Berna, en el lujoso Bellevue Palace, uno de esos hoteles que retienen cierta grandeur incluso aunque, como es el caso, albergue una bullanguera convención de productores de gruyère.

Por si quedaban dudas, John Le Carré adora una buena trama. Cita al periodista una injusta mañana invernal en Berna, en el lujoso Bellevue Palace, uno de esos hoteles que retienen cierta grandeur de otra época incluso aunque, como es el caso, albergue una bullanguera convención de productores de gruyère. Podría pasar perfectamente por el escenario de una de sus novelas si no fuera porque en efecto lo es. En el clímax de Un traidor como los nuestros (Plaza y Janés), su nuevo y estupendo libro, un voluminoso mafioso ruso, dos temibles ex-agentes del KGB y un espía británico venido a menos se pelean en el vestíbulo de este hotel. En una esquina, con blazer azul marino, Le Carré lee esta mañana con despreocupación en la columna de cotilleos del International Herald Tribune que en la adaptación en proceso de su novela El topo (1974) Gary Oldman encarnará a su más célebre criatura, el agente George Smiley. Y esta vez, la vida imita a la ficción: El sándwich club del hotel es tan bueno como se asegura en el libro y desde las habitaciones se vislumbra el “río Aar bajo la ventana y los picos del Oberland bernés a lo lejos, negros contra el cielo”. Sigue leyendo

La americana que se enamoró del piano de Lorca

JESÚS MIGUEL MARCOS Madrid 30/09/2010

La escena tiene lugar en la casa de una escritora afroamericana en Harlem, en el verano de 1929. Un joven negro se sienta al piano, acaricia casi al azar un puñado de notas y comienza a entonar un espiritual que hace enmudecer a los invitados. “Qué maravilla de canto, sólo comparable al cante jondo”, escribe unos días después Federico García Lorca en una carta a su familia. Deslumbrado por aquella hermosa tonada de honda raigambre religiosa, con el pulso todavía acelerado, el poeta español toma aire y se sienta al piano.

Lorca había aprendido música desde niño con su madre, más tarde fue alumno de Manuel de Falla y en los años veinte compuso sus primeras suites. Era un apasionado del flamenco, pero su entusiasmo rozaba el clímax con las canciones populares, especialmente las que llevaban transmitiéndose de generación en generación durante siglos. Aquella noche en Harlem, el joven Lorca interpretó algunas, como Las morillas de Jaén, una composición del siglo XVI perteneciente al Cancionero Musical de Palacio. “No quiero deciros lo que les gustaron mis canciones. Me las hicieron repetir cuatro o cinco veces”, escribía Lorca.

La escena se traslada ahora a la biblioteca de Toledo, más de 75 años después. La reputada cantautora estadounidense Josephine Foster toma entre sus manos un disco en cuya portada figura el nombre de un poeta que leyó en el instituto de Colorado cuando era adolescente. En un primer momento piensa que se trata de poemas musicados de Federico García Lorca, pero tras detenerse en la portada se percata de que son canciones populares armonizadas y tocadas por el poeta e interpretadas por La Argentinita, una famosa cantante de los años veinte. Sigue leyendo

Números

Foto: Israel Olivera

JUAN JOSÉ MILLÁS 01/10/2010

El pin del móvil y el puk del módem, la contraseña de iTunes, el teléfono fijo de mamá, el prefijo de Asturias, la clave de acceso al cajero automático, la matrícula del coche, el número del DNI, la inflación interanual, el producto interior bruto, el diferencial de la deuda, la talla de los pantalones y la ropa interior, las dimensiones de la pena, los 31 días de enero y los 28 de febrero, tu cumpleaños, nuestro aniversario y el del fallecimiento de papá, el tiempo de cocción del huevo duro y la caducidad del yogur, las cucharadas diarias de jarabe, la cantidad de sal, el valor de referencia de la urea, las pulsaciones por minuto, la temperatura del microondas, las horas de insomnio, la línea 5 del metro y el vía crucis de las 12 estaciones, los dígitos de la hipoteca, el IVA, el IRPF, el Euríbor, el tanto por ciento de descuento, los puntos de la tarjeta de Iberia, la hora de entrada, la numerología china, los honorarios del dentista, los dedos de la mano, los pelos de la cabeza (pocos), los pares de calcetines, la cuenta del supermercado, el cuentakilómetros, el cuentarrevoluciones, el contador del gas, de la luz, las páginas de Anna Karenina, los volúmenes de la enciclopedia Espasa, el limitador de velocidad, los metros cuadrados construidos y los hábiles, los cuartos de baño, los puntos de luz, el salario bruto y el líquido, los años de cotización, el tiempo de carencia, la tercera temporada de Mad Men, la cuarta de El ala Oeste de la Casa Blanca, la quinta de Los Soprano, el control del peso, el podómetro, el metrónomo, los litros de agua consumidos, los goles del domingo, el porcentaje de seguimiento de la huelga según los sindicatos, según la policía, según el Gobierno, la patronal o Dios, el décimo de Navidad (que acabe en 7), la indemnización por año trabajado. Y la sala 10 del tanatorio, por ejemplo.

© EDICIONES EL PAÍS S.L.

Imágenes: Blog Las Estaciones y los Días de Israel Olivera

(Con tu permiso Isra. Un beso)

El legado de Tony Judt

LUIS MAGÁN | Tony Judt en Madrid, el 26 de octubre de 2006, con motivo de la presentación de su libro Postguerra, una historia europea desde 1945.

TONY JUDT 26/09/2010

Algo va mal , de Tony Judt. Ediciones Taurus

Quienes afirman que el fallo es del “sistema” o quienes ven misteriosas maniobras detrás de cada revés político tienen poco que enseñarnos. Pero la disposición al desacuerdo, el rechazo o la disconformidad -por irritante que pueda ser cuando se lleva a extremos- constituye la savia de una sociedad abierta. Necesitamos personas que hagan una virtud de oponerse a la opinión mayoritaria. Una democracia de consenso permanente no será una democracia durante mucho tiempo.

Es tentador hacer como todos: la vida en comunidad es mucho más sencilla cuando cada uno parece estar de acuerdo con los demás y la disconformidad es adormecida en aras de las convenciones del compromiso.

Las sociedades y las comunidades en que estas faltan o se han desintegrado no prosperan. Pero la conformidad tiene un precio. Un círculo cerrado de opiniones o ideas en el que nunca se permiten ni el descontento ni la oposición -o solo dentro de unos límites circunscritos y estilizados- pierde la capacidad de responder con energía e imaginación a los nuevos desafíos.

Estados Unidos es un país fundado sobre comunidades pequeñas. Como puede atestiguar cualquiera que haya vivido durante algún tiempo en uno de esos lugares, el instinto natural siempre es imponer una uniformidad normativa al comportamiento público de sus miembros. Sigue leyendo

“Cuando escribes, tratas de ser mejor guionista que Dios”

Santiago Roncagliolo, retratado en Madrid.- SAMUEL SÁNCHEZ

TEREIXA CONSTENLA – Madrid – 30/09/2010

Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) hizo en Tokio todo lo que Bill Murray, el protagonista de Lost in translation, hizo o habría podido hacer. Alquiló durante media hora a una geisha moderna “solo para hablar”. Seleccionó el canal porno en la habitación del hotel para acabar descubriendo que le hurtaban el momento de máxima fricción porque se pixela. Acudió a un café servido por camareras aniñadas con falso aroma a pedofilia. Rastreó, en fin, el submundo del sexo en una cultura con deseos, tabúes y códigos diferentes de la occidental. Todo lo que hizo está en Tan cerca de la vida (Alfaguara), su nueva novela, que nació del estupor ante la pixelación erótica, su propia sensación de soledad en un hotel de superlujo y su observación de un Tokio altamente tecnologizado. Sigue leyendo

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