Posts Tagged ‘ ANTONIO MUÑOZ MOLINA ’

La maleta del tiempo

 

 

Chim (David Seymour), Federico Garcia Lorca, Madrid, 1936

 

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 09/10/2010

Me habían dejado solo en una gran habitación que tenía algo de almacén y de archivo, con una mesa muy larga en el centro, con lámparas bajas que difundían una luz de clínica. Ahora no estoy seguro de si había alguna ventana, pero el caso es que no recuerdo haberme asomado a una. La habitación estaba en el piso catorce o quince de una torre de la Sexta Avenida, muy cerca del tráfico de la Calle 42, agravado aquella mañana por esa mezcla vengativa de lluvia helada y viento que se abate sobre Nueva York algunos días de invierno. Pero en mi recuerdo de la habitación hay un silencio de cripta o cámara de seguridad que se confirmó cuando una secretaria se me acercó calladamente por detrás para pedirme que leyera y firmara una declaración de confidencialidad, uno de esos meticulosos documentos legales a los que hay tanta afición en Estados Unidos. Me comprometía a no sacar nada del archivo sin autorización expresa y a no difundir nada de lo que encontrara en él sin acuerdo previo con la institución que me había invitado. Leí por encima, más que nada por no dar una impresión de falta de seriedad a la secretaria, y firmé con mi descuido español, con prisa, para seguir volcado sobre las fundas de plástico de los archivadores en los que estaba viendo, en tiras de contactos, las más de cuatro mil fotos de la llamada maleta mexicana de Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour, Chim. Sigue leyendo

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El visionario razonable

RIBA LIBRARY PHOTOGRAPHS COLLECTION | Buckminster Fuller (1895-1983), fotografiado en su despacho de la Universidad de Illinois en 1967.

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 25/09/2010

Según su hija Allegra, Buckminster Fuller consideraba el barco de vela una de las invenciones más extraordinarias del ser humano. Propulsado sólo por el viento, un barco de vela se mueve sobre el agua siguiendo un rumbo preciso y transportando pasajeros y carga sin daño para el medio ambiente, sin dejar huella de su paso. Para él la belleza de las cosas se medía por la proporción entre el esfuerzo y los medios invertidos en hacer algo y su eficacia práctica. En un mundo de recursos limitados y necesidades abrumadoras, el desperdicio es un delito: en el proceso de su construcción y en el resultado final un velero era para Buckminster Fuller el ejemplo máximo de diseño racional y sostenible. “No luches contra las fuerzas adversas, úsalas”, dice uno de sus aforismos: la forma y el material de la vela y la destreza del piloto ponen al viento al servicio del velero, que no deja manchas de gasolina ni trastorna a los peces con el sonido de su motor, y que aprovecha lo mismo las corrientes del aire que las del agua. Buckminster Fuller quería inventar casas y vehículos que tuvieran una liviana eficiencia de barcos de vela, que alcanzaran el máximo de estabilidad con el mínimo de peso, y se impacientaba con los arquitectos, empeñados en usar materiales y técnicas muy anteriores a los adelantos tecnológicos del siglo XX, entretenidos en minucias decorativas que a su juicio carecían por completo de importancia, obedientes a la inercia de la gravedad. Cuando era ya muy viejo, pero todavía asombrosamente activo, le presentaron a Norman Foster y la pregunta que le hizo nada más saludarlo se ha vuelto legendaria:-¿Cuánto pesa su edificio, Mr. Foster? Sigue leyendo
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