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La piedra rosetta del jazz

William Savory.-

CHEMA GARCÍA MARTÍNEZ – Madrid – 19/08/2010

En los mentideros del jazz no paraba de hablarse de ella aunque nadie había podido verificar su existencia. La Colección Savory constituía una de esas leyendas románticas que alimentan los sueños húmedos del aficionado. Un verdadero tesoro escondido de grabaciones inéditas procedentes de la edad dorada del género. Lo nunca escuchado de los más grandes: de Louis Armstrong a Billie Holiday o Count Basie. Durante décadas, el autor de las grabaciones, un oscuro y excéntrico ingeniero de grabación llamado William Savory, impidió celosamente el acceso a las mismas con muy pocas excepciones. Hasta ahora.

El National Jazz Museum, en Harlem (Nueva York), ha anunciado la adquisición de la colección, compuesta por 975 discos de aluminio y vinilo. Las grabaciones, todas inéditas, fueron hechas por Savory a partir de retransmisiones radiofónicas, entre los años 1935 y 1941. Su calidad técnica, se asegura, es excepcional para la época.

Los discos registrados por Savory permiten escuchar a los grandes iconos de la era del swing a sus anchas y sin las limitaciones de tiempo que imponían los discos de 78 revoluciones por minuto. Entre los artistas representados, se hallan los más grandes directores de orquesta -Count Basie, Lionel Hampton, Artie Shaw o Benny Goodman- y solistas: Lester Young, Fats Waller… Al margen del jazz, la colección incluye grabaciones en directo de Arturo Toscanini y Eugene Ormandy y alocuciones a cargo de Franklin D. Roosevelt, el papa Pío XII y James Joyce. Sigue leyendo

El tipo que miraba a ritmo de ‘bop’

WILLIAM GOTTLIEB | Arriba, tarde de béisbol de 1947 con el arreglista Pete Rugolo (con el bate) y la cantante June Chisty (primera por la izquierda).

MOKHTAR ATITAR – Madrid – 10/08/2010

“Mi interés por el jazz tuvo sus orígenes en una pieza de cerdo mal cocinada”. Tan improbable motivo condujo a William Gottlieb, Mr. Jazz, (1917-2006) a sus primeros contactos con un estilo musical al que dedicaría su carrera como crítico y fotógrafo, primero en Washington y luego en Nueva York. Porque ese plato mal cocinado derivó en el verano de 1936 en una triquinosis y las horas muertas de la convalecencia fueron amenizadas con discos de jazz y revistas musicales. Eran los años que él mismo bautizó en el título de su libro como La edad dorada del jazz.

Se trata de retratos de Dizzy Gillespie, Cab Calloway o Billie Holiday. Relajadas escenas en los clubes y estudios que ahora, según su última voluntad, la Biblioteca del Congreso de EE UU ha hecho públicos en la red social de fotografía Flickr , sin restricciones de derechos de autor.

En 1938, licenciado en economía y convertido en un frenético jazzista, Gottlieb entró, gracias a un enchufe, en The Washington Post. Los editores del periódico no le consideraron apto para escribir y el joven acabó en la sección de publicidad. Para intentar ganar algo más de los 25 dólares semanales que le pagaban, propuso a sus jefes publicar una columna semanal de jazz. Sigue leyendo