Posts Tagged ‘ H. G. Wells ’

El visionario razonable

RIBA LIBRARY PHOTOGRAPHS COLLECTION | Buckminster Fuller (1895-1983), fotografiado en su despacho de la Universidad de Illinois en 1967.

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 25/09/2010

Según su hija Allegra, Buckminster Fuller consideraba el barco de vela una de las invenciones más extraordinarias del ser humano. Propulsado sólo por el viento, un barco de vela se mueve sobre el agua siguiendo un rumbo preciso y transportando pasajeros y carga sin daño para el medio ambiente, sin dejar huella de su paso. Para él la belleza de las cosas se medía por la proporción entre el esfuerzo y los medios invertidos en hacer algo y su eficacia práctica. En un mundo de recursos limitados y necesidades abrumadoras, el desperdicio es un delito: en el proceso de su construcción y en el resultado final un velero era para Buckminster Fuller el ejemplo máximo de diseño racional y sostenible. “No luches contra las fuerzas adversas, úsalas”, dice uno de sus aforismos: la forma y el material de la vela y la destreza del piloto ponen al viento al servicio del velero, que no deja manchas de gasolina ni trastorna a los peces con el sonido de su motor, y que aprovecha lo mismo las corrientes del aire que las del agua. Buckminster Fuller quería inventar casas y vehículos que tuvieran una liviana eficiencia de barcos de vela, que alcanzaran el máximo de estabilidad con el mínimo de peso, y se impacientaba con los arquitectos, empeñados en usar materiales y técnicas muy anteriores a los adelantos tecnológicos del siglo XX, entretenidos en minucias decorativas que a su juicio carecían por completo de importancia, obedientes a la inercia de la gravedad. Cuando era ya muy viejo, pero todavía asombrosamente activo, le presentaron a Norman Foster y la pregunta que le hizo nada más saludarlo se ha vuelto legendaria:-¿Cuánto pesa su edificio, Mr. Foster? Sigue leyendo
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La cara privada de Bernard Shaw

Una de las imágenes del autor que forma parte del fondo de la National Trust.

Una de las imágenes del autor que forma parte del fondo de la National Trust.

IÑIGO SÁENZ DE UGARTE  09/09/2010

La vida es demasiado corta como para desperdiciarla haciendo bien una sola cosa. No es una frase de George Bernard Shaw, sencillamente porque tiene otra mucho mejor: “Una vida gastada cometiendo errores no sólo es más honorable, sino también más útil que una vida gastada no haciendo nada”.

Es indudable que Shaw (1856-1950) no era la clase de hombre que tuviera miedo a adentrarse en distintos campos artísticos o intelectuales. Su larga carrera como dramaturgo fue coronada con el Premio Nobel de Literatura sólo por la insistencia de su mujer aceptó recoger el galardón, pero no el dinero y el respeto de sus contemporáneos.

También escribió novelas, de no mucho éxito. Fue prolífico y polémico en la crítica literaria y musical. Su compromiso con la defensa de los derechos de los trabajadores y de las mujeres le llevó a escribir innumerables discursos y panfletos para la socialista Sociedad Fabiana.

Y siempre estuvo fascinado por la fotografía. Está claro que Shaw, que murió a los 94 años, no perdió el tiempo. Sigue leyendo