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“Nuestros nietos pagarán la factura de nuestra orgía consumista”

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman es autor de ensayos de éxito como Miedo líquido'.ROBERTO TUÑÓN

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman es autor de ensayos de éxito como Miedo líquido'.ROBERTO TUÑÓN

JAVIER G. CASO OVIEDO 21/10/2010Modernidad líquida. Esa es la exitosa metáfora utilizada por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman (Pozman, 1925) para describir una época marcada por la desintegración de los lazos sociales que vertebraron las sociedades occidentales durante la segunda mitad del siglo XX. Bauman, que comparte junto a su homólogo francés Alain Touraine el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010, ha explicado en libros como Vida líquida (Paidós) y Miedo líquido (Paidós) cómo la globalización económica y la extensión del libre mercado ha afectado tanto a las relaciones laborales como a las sentimentales. La precariedad y la incertidumbre lo envuelven todo. Una situación de crisis social previa a la crisis financiera que estalló hace ahora tres años.

¿Tiene futuro el tradicional modelo de bienestar europeo en el actual mundo globalizado?

No me gusta hablar de Estado del bienestar. Es un término confuso que tiene que ver solamente con la redistribución de la riqueza. Yo lo llamaría un Estado social que tiene dos privilegios: el deber de garantizar que todos los ciudadanos tienen la posibilidad de protegerse ante la desgracia. Y que la calidad de la sociedad no se mide por una fuerza media, sino por una debilidad media, es decir, la media de los débiles. Esta idea surgió a partir de los gloriosos años treinta del pasado siglo y está implantada en el concepto de Estado-nación. Pero ahora estamos en la era de la globalización. Y se duda de que el Estado social sea sostenible, al menos en una nación independiente. La única forma de preservar lo social es trasladarlo a la escala global. Sigue leyendo

Mi libertad termina…

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AUGUSTO KLAPPENBACH 08-08-2010

Mi libertad termina donde empieza la libertad de los demás. Es decir, si lo entiendo bien, que cuanto más reducida sea la libertad de los demás, mayor será la mía. Y además, que las libertades son incompatibles: una termina donde empieza la otra. Y, llevando esta frase al límite, yo sería la única persona libre si los demás perdieran ese privilegio.
No se trata de un mero juego verbal. La libertad del liberalismo –y sobre todo del neoliberalismo– es la que se describe en este mantra que se ha repetido hasta la saciedad suponiendo que expresa la esencia del respeto hacia los demás, cuando en realidad postula la más cruda competitividad.
El supuesto ideológico sobre el cual se fundamenta la libertad del liberalismo es la prioridad del individuo sobre la sociedad. Margaret Thatcher lo expresaba claramente: “La sociedad no existe”, tratando así de reivindicar el carácter real y concreto del individuo frente a la abstracción ideológica que implicaba a su juicio la concepción socialista de la vida social. Sigue leyendo