Reflexiones de un filósofo loco de amor

Denis Diderot visto por Louis-Michel van Loo, en 1767.

Denis Diderot visto por Louis-Michel van Loo, en 1767.

BRAULIO GARCÍA JAÉN MADRID 23/10/2010

Sophie Volland era, con sus gafas, sus manitas secas y su pecho de gato, delgada como una varilla. Nada que ver con aquella posadera de cuyos pechos, la imaginación de Denis Diderot (1713-1784) escribió que daban para “revolcarse dos días”. A los 39 años, soltera, y por tanto todavía bajo el auspicio de una madre algo suspicaz, nada raro en el Siglo de las Luces, se convirtió, sin embargo, en la amante y confidente del autor de Jacques el fatalista. Diderot tenía entonces 41 años y de la conversación que mantuvieron por escrito durante casi 20 años, más de la mitad de las cartas se han perdido. Cartas a Sophie Volland son la otra mitad y se publican por primera vez en España, en la editorial Acantilado.

Volland (1725-1784) acabó pidiendo al coautor de la Enciclopedia que le devolviera todas las que ella había escrito. Para quemarlas. Y de las que Diderot envió a su hija, Madame Volland destruyó las primeras 134, escritas entre 1755 y 1759. Pero casi otras 200 se han conservado. “El ritmo de dos cartas semanales, expedidas cada jueves y cada domingo, se va espaciando cada vez más a medida que la pasión se vuelve más tibia”, explica Laurent Versini en el prólogo de Cartas a Sophie Volland, que Diderot escribió entre mayo de 1759 y septiembre de 1774.

El prologuista, catedrático emérito de La Sorbona, sugiere que el filósofo “debió de asombrarse de estar enamorado de una mujer” físicamente tan distinta de su soñada posadera, pero las cartas, sobre todo las primeras, no reflejan esa sospecha. “Te beso toda”, escribe el autor de El sobrino de Rameau, “enfermo de amor”.

“No hay ni habrá nunca más que una mujer en el mundo para mí”, escribe el filósofo, que acabó liándose con una de sus hermanas, Uranie Volland, y del que no cabe descartar según Versini “una relación con una tercera hermana”, a la que también llama “mi enamorada”. “¿Puede una mujer cometer una infidelidad a su marido y a su amante para salvar el empleo del uno y el bienestar del otro?”, se pregunta Diderot el 31 de julio de 1762, casado desde 1743.

Pero más allá de las entretenidas y familiares combinaciones amorosas de Diderot, “frecuentes en el siglo XVIII”, según Versini, la correspondencia entre él y Volland es interesante por la cantidad de información que contiene sobre el Siglo de las Luces y la propia obra del filósofo. “Informaciones, retratos, reflexiones y anécdotas alimentan la conversación sin orden ni concierto’ con Sophie”, explica Versini.

La intimidad pública

Y si ello fue así se debió en gran medida gracias a su corresponsal, cuyo verdadero nombre era Louise-Henriette y a la que él mismo bautizó Sophie “para ponerla bajo la égida del conocimiento” [de Philosophie], según Versini.

Sophie acabó leyendo en público las cartas de Diderot, a sus amigas. Ella le tiraba de la lengua al filósofo, y él terminaba entrando al trapo con escritos dedicados a temas candentes, como la moral y la política.

Por estas páginas desfilan las cabezas mejor iluminadas de Europa: filósofos, pintores, novelistas, economistas y juristas: de los ingleses Hume o Sterne (el autor de Tristram Shandy) al italiano Beccaria. Con todos ellos discute, conversa el amante Diderot en sus cartas. La correspondencia contiene además numerosas pistas sobre su obra. Un laboratorio formal y temático donde resolver el eterno debate del comienzo del diálogo de El Sobrino de Rameau o conocer al perro enamorado de la perra de la posadera de Jacques el fatalista.

http://www.publico.es/culturas/342998/reflexiones-de-un-filosofo-loco-de-amor

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  1. Imagino que esas primeras 134 eran las mejores.
    El género epistolar tiene ese tono intimo, eso que es solo para ese otro, eso domestico, cotidiano, personal, único, eso que a los que estamos por fuera de su microcosmos, nos gusta robar.
    Un abrazo, Joselure.
    Me pregunto que hay de correspondencia, de carta, en los comentarios de blog. Un poco, rastros dirán en el futuro. Lástima.

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